6 de enero 2003 - 00:00

Gobierno, sin respuesta para detener aumentos

Apesar de que el sábado Eduardo Duhalde dijo que la inflación de diciembre será una de las más bajas del año, el aumento de precios del mes pasado promediaría 1%, el doble de noviembre.

La suba de combustibles, los pasajes y algunos productos de la canasta básica motorizaron la inflación de diciembre, de acuerdo con estimaciones oficiales.

Según declaró Roberto Lavagna el viernes, «no hay inflación». Para el ministro de Economía sólo « hay subas puntuales y, sobre todo, el riesgo de que en el momento en que la economía empieza a recuperarse aparezca ese otro componente, que es la avivada de intentar recuperar rápidamente margen».

La carne aumentó entre 5% y 10%, los fideos 8% y los aceites vegetales 4%. La Serenísima anunció aumentos de entre 7% para la leche y 9% para los derivados lácteos, debido a que hay menor producción en los tambos.

Según el Gobierno porteño, la canasta básica de alimentos subió 84% en 2002. La particularidad de esta inflación es que afecta muy fuerte a los sectores de menores recursos, que dedican 80% de sus ingresos a adquirir estos bienes, que son los que más subieron.

En enero de 2002 la inflación fue de 2,3% y en abril llegó al máximo de 10,4%. En mayo comenzó una desaceleración del crecimiento de los precios, que los mantuvo con un incremento promedio de entre 3% y 4%. Fue en setiembre cuando los precios se moderaron. La bonanza duró tres meses, hasta que en diciembre reapareció la inflación.

Lo grave es que esta suba de precios surge con las tarifas de los servicios públicos congeladas. Allí también hay inflación al acecho.

Lo que jamás imaginó el gobierno es que el dinero que liberó para comprar dólares presionaría sobre los precios de la canasta familiar. El temor de Economía era que liberar dinero a un ritmo de 10% mensual se fuera a la compra de dólares, algo que no sucedió.

El panorama es complicado porque hay empresas que resignaron ganancias para no perder mercado y ahora, ante la mayor cantidad de pesos en el mercado, suben los precios de sus productos.
La baja de tasas de interés ayudó a la inflación, ya que los plazos fijos pasaron a ser menos atractivos por la brusca baja de tasas. Quizás el Banco Central se apresuró con esta estrategia.

Junto al encarecimiento de los precios
se nota una baja en la calidad de muchos productos. Bicicletas endebles, papel higiénico pegado, envases de mala calidad, cereales en barras de baja calidad o de menor tamaño que antes, productos con envases de poca resistencia o complicados de abrir, etc., se ven en supermercados.

En la mente de algunos funcionarios está la idea de presionar a empresas para que bajen precios o subir directamente las retenciones a la exportación. Los más moderados hablan de precios sugeridos. Los argentinos saben cómo es esta historia: los precios máximos se violan o desaparecen los productos de las góndolas.

No existe la defensa de la importación porque a este precio del dólar,
cualquier producto del exterior es inmensamente más caro que otro de producción local.

Por ahora el gobierno, que no tiene claro cómo solucionar este problema, se va a reunir con las empresas de alimentos para buscar un acuerdo. Están entusiasmados por el resultado que les dio el trato con las petroleras, donde consiguieron que por 90 días no suban los combustibles.

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