6 de noviembre 2008 - 00:00

Grandes empresas se unen a plan de AMIA

Loma Negra, el laboratorio Novartis, IRSA y Los Grobo son las cuatro primeras empresas en anotarse en el nuevo programa de responsabilidad social empresaria (RSE) que encararon en forma conjunta la AMIA y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

La idea es que cuatro grandes empresas atraigan cada una de ellas a diez pymes de su cadena de valor (proveedores o clientes) para que se sumen a la acción de RSE que diseñen AMIA y BID. Tomás Saieg y Benny Zugman, secretario y tesorero de la mutual respectivamente, aclaran que «no se trata de filantropía, porque sabemos que a las pymes no les sobran recursos, sino mejorarles la competitividad con acciones concretas de solidaridad, como por caso mejorar su relación con la comunidad que las circunda».

Los dirigentes reconocen que no fue sencillo encontrar grandes grupos dispuestos a cooperar; la mayoría de ellos, dicen, se maneja con presupuestos muy acotados para este renglón, que forman parte del área de relaciones públicas o institucional. «No es el caso de Novartis, que tiene un comité formado por altos ejecutivos para el tema de RSE», dice Saieg.

La cooperación con el BID fue firmada en setiembre, y tendrá una duración de cuatro años. A las empresas pioneras se les sumarán otras cuatro el año próximo, y en total AMIA y el BID aportarán u$s 1,9 millón en partes iguales. Las grandes empresas contribuirán con otros u$s 400.000.

«El programa tiene cuatro ejes centrales», explica Saieg: «Medio ambiente, seguridad laboral, ética y relaciones con los consumidores y proveedores». El proyecto había sido presentado ante el Comité de Donantes del BID en Washington, y fue elegido como uno de los cuatro mejores a nivel continental.

  • Continuación

    El programa podría ser calificado como la continuación natural del desarrollado durante más de un lustro por la mutual judía y el BID, a través del cual crearon la mayor bolsa privada de trabajo del país, con una base de más de 500.000 postulantes.

    Según explicó Ernesto Tocker, director del Servicio de Empleo de la AMIA, «entre 2000 y este año se inscribió medio millón de personas, y les conseguimos empleo a 16.000 de ellos. El número puede resultar engañoso, porque la mayoría de los inscriptos no estaban desocupados, sino que buscaban mejorar su situación laboral».

    El dato más importante, sin embargo, es que 93% de ellos no son judíos, lo que demuestra que el aporte de la AMIA a la sociedad va más allá de su propia comunidad.

    «Después del atentado de 1994, fueron tantas las muestras de solidaridad que recibimos, que era una obligación retribuir de algún modo. La crisis de 2001 potenció la función del Servicio de Empleo, y eso nos llevó a buscar la cooperación con el BID», agrega Tocker. El acuerdo con el banco se prologó hasta enero del año pasado, y los ejecutivos de la entidad les pidieron a los dirigentes de la AMIA encarar una nueva iniciativa en común. A mediados de este año se les presentaron tres anteproyectos, entre los cuales eligieron el de RSE.

    «Es obvio que debemos hacer centro en las pymes: 91% de los 16.000 que encontraron empleo a través nuestro fue incorporado a empresas con menos de 50 trabajadores, y de ellos 12.000 permanecen en sus puestos, en 7.500 compañías», explica Tocker. Cabe apuntar, además, que desde el año pasado el Servicio de Empleo se sostiene con los «fees» que pagan las empresas usuarias (muy inferior a los que cobran las consultoras) y por la propia mutual. Sin embargo, la crisis ya empieza a golpear las puertas de esta bolsa de trabajo: «En octubre de este año tuvimos 27% menos de pedidos de personal respecto del mismo mes de 2007», confiesa Tocker.
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