12 de diciembre 2000 - 00:00

Guidotti: Argentina tiene 3 meses para despejar dudas de inversores

«El blindaje es en realidad una asistencia de emergencia de organismos internacionales. La Argentina nunca debería haber llegado a esto. Es una bala que se pierde a futuro», señaló a este diario el economista Pablo Guidotti. Quien fuera secretario de Hacienda y viceministro de Economía en los últimos años de la administración Menem brindó un panorama completo de lo que puede pasar, con ciertas dudas de que el país pueda crecer 2,5% el año próximo.

«El gobierno tiene la responsabilidad ahora de tratar de despejar las dudas de largo plazo. Esta etapa no va más allá de febrero o marzo próximo»
, dijo Guidotti, hoy a cargo de la Escuela de Gobierno en la Universidad Torcuato Di Tella. Fue muy crítico del plan de infraestructura: el déficit de 2001 será de 8.500 millones porque hay que contabilizar los 2.000 millones de obra pública que están fuera del presupuesto. Estas fueron las declaraciones de Guidotti en diálogo con Ambito Financiero:

Periodista: Se anuncia ahora el blindaje, ¿y qué viene después?


Pablo Guidotti:
Creo que primero «blindaje» es un término poco representativo. La Argentina recibirá una asistencia de emergencia de organismos internacionales. Va a ser útil para eliminar las dudas que había sobre una posible cesación de pagos del país y será hasta el segundo semestre de 2001. La Argentina nunca debería haber llegado a esto.

P.: ¿Puntualmente por qué lo dice?


P.G.: Hubo varios errores de política económica durante el año y un mal manejo de la liquidez (colchón financiero o prefinanciamiento del gobierno) apostando a que las tasas iban a bajar, y el mercado se asustó cuando vio que la Argentina se quedaba con una liquidez menor. Por suerte, la madurez o vencimiento promedio de la deuda argentina es larga, y al mismo tiempo la Argentina no utilizó entre 1996 y 1999 dinero del FMI. Incluso creo que fue el período más largo que el país estuvo sin desembolsos. Eso permitió que sea posible recibir una asistencia ahora de 400 o 500% de la cuota argentina en el FMI, equivalente a entre 10 y 14 mil millones. Este es un instrumento poderoso para despejar la incertidumbre de corto plazo.

P.: ¿Traerá alivio al mercado o ya está descontado?


P.G.:
Más que alivio tiene que quedar claro que se usó un instrumento que costó tres años obtener para despejar dudas de cesación de pagos. Es una bala que una vez utilizada se pierde a futuro. En este sentido el gobierno tiene la responsabilidad ahora de tratar de despejar las dudas de largo plazo. Me da la sensación de que esta etapa no va más allá de febrero o marzo próximo.

P.: ¿Por qué?

P.G.: Porque al principio está obligado a pedir desembolsos y en marzo ya se estará a pleno en la campaña electoral. Deben posicionarse para hacer cambios antes de esa fecha, incluso para mejorar las expectativas o chances de tener una mejor performance en las elecciones legislativas. Las elecciones también serán un elemento más que los mercados van a juzgar para medir la fortaleza del gobierno. Hay una ventana muy pequeña de tiempo que tiene el gobierno para aprovechar. Otro tema es que la Argentina recibirá una asistencia financiera que es de corto plazo. Y la madurez o vencimiento promedio de la deuda argentina es de largo. De usarse mucho esta ayuda internacional ampliará las necesidades o el programa financiero de 2002-2003 y por eso es que debería tratar de usarse lo menos posible.

P.: ¿Se crecerá o seguirá la recesión?


P.G.:
Obviamente la mirada está centrada ahora en la capacidad de crecer del país y en este sentido en los primeros meses de 2001 se verá el impacto de la incertidumbre de octubre y noviembre. Por eso es que hay que sentar las bases para que la inversión se recupere y genere un clima de mayor crecimiento acorde con lo que sucede en el resto de América latina. En síntesis creo que la asistencia de emergencia genera la necesidad de trabajar más duro en los meses que vienen.

Realismo

P.: No es demasiado el déficit en 6.500 millones...

P.G.:
El programa que se está acordando tiene más realismo. El programa con el FMI reconoce menores ingresos y la decisión del gobierno de no bajar el gasto público.

P.: ¿Por qué tanta resistencia a bajar más el gasto?


P.G.:
El gasto público a nivel de la Nación no es fácil bajarlo, pero no implica que no existan alternativas que deberían intentar. El gobierno necesita definir más claro el rumbo imitando a Chile. Hay varias áreas importantes. Primero, la Argentina debería anunciar que va a tarifas externas similares a las de Chile en 2 años e invitar a Brasil a seguirlo. Si no, debe hacerlo independientemente. Con un Mercosur cerrado y volatilidad en el tipo de cambio entre el peso y el real se está en el peor de los mundos. El actual régimen automotor es dañino para los consumidores y de alto costo productivo. Segundo, hay que lanzar una rebaja de los aportes patronales y financiar esto con recorte del gasto o buscando mayor eficiencia en el mismo. Al igual que a principios de los '90 se exigía al PJ que hiciese la reforma del Estado por su relación con los sindicatos, hoy se le debería exigir a este gobierno que encare una reforma integral en las universidades nacionales. Habría que distinguir el acceso de la gente a la educación, de lo que es la producción de la educación. El acceso debería garantizarse con un sistema nacional de becas (para ser utilizado tanto en universidades públicas como privadas) fondeado, por ejemplo, con 800 millones de pesos. Las universidades nacionales deben competir con las privadas y estar aranceladas. Los becados pueden ir a instituciones privadas o públicas, lo que va a dar incentivos para que la calidad de la enseñanza mejore. De esta manera, se podría disminuir el gasto en 1.000 millones de dólares que podrían utilizarse para rebajar los impuestos. Y encima mejorar la calidad educativa. Genera oposición política, claro, pero es lo que hay que hacer.

P.: Es decir que el gasto se lo puede bajar más...


P.G.:
Siempre es difícil discutir del gasto en general. Lo que sí veo como un problema importante con respecto al gasto público y la meta de déficit fiscal es el plan de infraestructura. Es un aumento del gasto público enorme, fuera del presupuesto, y si avanzara, generará más incertidumbre. Los 2.000 millones de dólares de 2001 (lo hacen los privados, pero lo recuperan en años siguientes) deben ser considerados gasto público, porque conlleva una deuda implícita. Teniendo en cuenta este plan, el déficit anunciado para 2001 es de 8.500 millones no 6.500 como está proyectado en el presupuesto.

P.: ¿Recomendaría usar todos los 30.000 millones de ayuda?


P.G.:
Es necesario que Economía utilice lo menos posible de los fondos y se aproveche la mejora de corto plazo. El mayor realismo que se está incorporando con el mayor déficit fiscal lo que aleja es que cada dos meses se anuncien nuevos cambios impositivos y renegociar todo el tiempo las metas del FMI. El Fondo se dio cuenta que promover cambios continuamente deteriora las condiciones de crecimiento. Yo insisto en que el déficit fiscal argentino y su deuda es manejable siempre que se pueda crecer a una tasa razonable. Este cambio es lo que se ve en el FMI y en el gobierno que abandonó el discurso de campaña y está yendo a algo más lógico. Si la Argentina crece 3-3,5% nominal y con una deuda en relación al PBI bien medida y considerando el déficit fiscal también, la Argentina está en mejor situación que Brasil y México.

P.: ¿Es probable un crecimiento de 2,5% para 2001 como el que pronosticó Machinea?


P.G.:
Depende de cómo cierre el cuarto trimestre con el impacto de la pérdida de confianza de octubre y noviembre. Si es así, la caída en el 4° trimestre provocará un arrastre negativo para 2001 y 2,5%, que parece bajo, en la práctica exigirá una recuperación importante y difícil de acceder.

P.: ¿Le hubiera gustado la reforma previsional por decreto?


P.G.:
No. Reformas de la importancia que tienen estos cambios en la seguridad social tienen que salir por ley. Sacarlos por decreto daña las instituciones y genera discrecionalidad.

Entrevista de Guillermo Laborda

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