"Habrá más costos por pesificar con desorden"
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Periodista: ¿Qué le pareció este acuerdo transitorio que alcanzó la Argentina con el FMI?
Ricardo Hausmann: Es básicamente una forma que tiene el Fondo para corregir los errores cometidos por ellos mismos en 2002. El acuerdo debería haber llegado mucho más rápido. Ya se sabía que el país no estaba en condiciones de amortizar los vencimientos de deuda. Por eso, las demoras en Washington para llegar a este entendimiento fueron poco justificadas. Afortunadamente, el gobierno amenazó con no pagar y pudo cambiar la posición de los organismos.
P.: Hubo muchas críticas en el exterior porque el FMI le exigió muy poco a la Argentina para acordar, ¿qué opina?
R.H.: El Fondo tuvo que dar este acuerdo para ayudar al país a mantener la estabilidad. Las principales tareas del nuevo gobierno pasarán, sobre todo, por reestructurar la deuda externa y resolver la crisis bancaria. Ninguno de estos dos problemas podrá resolverse sin dinero nuevo o un aumento en el financiamiento neto de la comunidad internacional. Para el gobierno de Duhalde es suficiente con asegurar la estabilidad cambiaria y de precios.
P.: ¿Piensa que la actual situación de estabilidad es precaria o que puede iniciar un camino de crecimiento sostenido?
R.H.: La única diferencia entre una situación precaria pasa por los temas ya mencionados, sobre todo con lo referido a la reestructuración de la deuda. Por supuesto, debe elegirse un nuevo presidente para hacerlo, porque se trata de decisiones muy importantes. Creo que los argentinos deben tomar lo que está ocurriendo como la base de una recuperación. La caída del PBI fue menor de lo que se había esperado y la recuperación empezó antes. Nadie en mayo del año pasado se hubiera imaginado este escenario.
P.: Usted fue uno de los economistas del exterior que más alentó la pesificación. ¿Cómo cree que salió la experiencia en la Argentina un año después?
R.H.: La pesificación ocurrió en una forma desordenada, no planificada. Una pesificación a tiempo y negociada con el FMI hubiese evitado el «corralito» y la crisis bancaria. Al haberse hecho en forma asimétrica, magnificó el problema de los bancos. Pero estoy convencido de que no podría haberse salido de la crisis sin una gigantesca depreciación real, y era imposible conseguirla con una dolarización.
P.: Pero la pesificación terminó arrasando con todos los derechos de propiedad.
R.H.: Es que en la Argentina había dos cosas incompatibles: la convertibilidad junto al derecho de propiedad. El PBI cayó a 100.000 millones de dólares. No había forma de sostener un nivel de depósitos de 70.000 millones de dólares, ni de seguir pagando una deuda superior a los 120.000 millones. No fue un capricho, sino la imposición de una realidad. Cuando un país viola derechos de propiedad, como ocurrió en la Argentina, debe hacerlo de forma sensata y razonable. Cuando Estados Unidos devaluó a principios de los años '30, también les quitó a las deudas la paridad con el oro, lo que también en su momento significó una suerte de «pesificación». La Argentina pagará un costo por haberlo hecho en forma desordenada, pero no tan grande como habían vaticinado los que consideraban imposible de evitar la hiperinflación.
P.: ¿Dónde debería ubicarse el dólar respecto del peso, tras el enorme incremento que tuvo el tipo de cambio?
R.H.: Cuando fui a la Argentina por última vez fue en setiembre, el Big Mac estaba a 1,50 peso, es decir 40 centavos por dólar. Era el más barato de la galaxia. En la Recoleta, un menú con carne, vino y tres platos costaba entre 10 y 12 pesos, o sea, poco más de tres dólares. Esto significa que el peso está subvaluado y es una muy buena noticia que se esté apreciando, porque de lo contrario debería aumentar más la inflación.
P.: Sin embargo, en el Ministerio de Economía prefieren que no continúe la apreciación porque afectaría la recaudación.
R.H.: Pero una moneda más fuerte también sirve para volver a pagar la deuda. Es importante acumular reservas internacionales para normalizar los pagos a los acreedores. Es irrelevante si hay quitas o no, porque lo que se tiene en cuenta es el valor presente de lo que el gobierno se comprometa a devolver.
P.: ¿Qué le pareció la presentación de Lula en Davos, ante la comunidad internacional?
R.H.: Lula me pareció un comunicador efectivo, pero no mostró nada de sustancia. Habló del qué pero no explicó el cómo. Me parece preocupante para un gobierno que esté tan poco definido en casi todos los temas.




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