23 de agosto 2001 - 00:00

"¿Hacia un sistema trimonetario?"

El gobierno paga sus obligaciones en moneda surtida de acuerdo con los compromisos previos y de acuerdo con el rojo que tenga. Violenta los contratos según las necesidades de caja, pero en lugar de descontar sueldos o pagos a proveedores, paga sus gastos con moneda inflacionaria, como el Patacón. El problema es cómo se determina qué proporción se paga en patacones y en pesos en cada caso. La provincia de Buenos Aires, por ejemplo, dispuso que se pague en patacones arriba de los $ 740.

El gobierno nacional puede decidir que paga en pesos de acuerdo con la recaudación y el resto lo paga en patacones o lo que sea. Un criterio para la Nación es admitir que la última rebaja nominal de salarios sería la que se aplicó sobre los sueldos de julio. En el futuro, si no hay caja, se paga en pesos hasta donde alcance y, luego, en forma proporcional, se paga con patacones. La depreciación del Patacón reflejaría la depreciación inflacionaria de la moneda recién emitida. Si el gobierno emite poco, va a haber pocos patacones y no tendrá por qué producirse un gran desagio. Si el gobierno emite mucho, puede llegar a haber hiperinflación en patacones, lo que implica que el Patacón sería absolutamente rechazado. Un bien que vale un peso podría llegar a valer un millón de patacones.

Aceptación

Más complejo es determinar en qué medida acepta patacones para pago de impuestos y otras contraprestaciones a servicios públicos. Las grandes decisiones al respecto podrían ser votadas por el Congreso para evitar arbitrariedades. En las licitaciones públicas, los oferentes deberán hacer su propuesta; y el Estado, resolver de acuerdo con la cotización del Patacón en el mercado. Este mecanismo de emisión monetaria es compatible con la libertad cambiaria y la convertibilidad. Pero, obviamente, esas reglas sólo regirían en el ámbito del peso. El Patacón flotaría libremente contra el dólar, ya que es un hecho que flotaría libremente contra el peso.

El gobierno, si mantiene una política fiscal austera, podrá evitar una depreciación excesiva del Patacón. También puede aplicar una política monetaria específica para el Patacón, subiendo y bajando la tasa de interés de emisión, pero también con operaciones de mercado abierto. Desde el punto de vista macroeconómico, no se lograría obviamente cortar el gasto público de la misma manera que si se bajan sueldos o se recorta la coparticipación. Pero son muchos los economistas que advierten que el problema de la Argentina no es tanto la magnitud del gasto, que se mantiene en 30% del PBI, sino su pésimo financiamiento y asignación. En este sentido, coinciden tanto Roberto Alemann como Carola Pesino y el grueso de los economistas contrarios al neoliberalismo.

El sistema trimonetario no soluciona los problemas de mala asignación del gasto y falta de recaudación que deben comenzar a ser atacados en serio. Pero permitiría solucionar el problema financiero de una economía que ha perdido crédito externo. Debe tenerse en cuenta que con la convertibilidad prácticamente el único crédito que existe es el externo. El único crédito es en dólares, porque la expansión monetaria se apoya en un aumento de reservas. De esta forma, se crea crédito interno -obviamente, inflacionario-, pero en un contexto de tanta recesión e iliquidez sólo un abuso de emisión podría provocar una suba drástica de los precios en patacones.

Resistencia

Naturalmente la gente -empleados y proveedores-se va a resistir a recibir la nueva moneda devaluable. Pero es una alternativa mejor a nada mientras no se aumenta la recaudación. En la medida en que los comerciantes adviertan que es la única forma de vender, el precio del Patacón se acercará a la par. Si hay reactivación y la recaudación sube, podrá reducirse la emisión de patacones de forma que el problema desaparecería. De todas maneras, el sistema se administraría del mismo modo que una flotación cambiaria. Este régimen no posterga el ajuste, ya que cualquier abuso derrumba el precio del Patacón. Pero parece en condiciones igual que una flotación inflacionaria de resistir la crisis financiera. Es obvio que la convertibilidad es un gran sistema para estabilizar los precios, pero es el peor sistema para enfrentar la recesión y el pesimismo. ¿Por qué no salir entonces directamente de la convertibilidad? Porque eso sería muy traumático para la Argentina, ya que nadie sabe hasta dónde la política fiscal bastardeará el peso.

Por otra parte, no se rompen los contratos en pesos ni en dólares. Se introduce por acuerdo de las partes la posibilidad del Patacón. El que no lo quiera puede rechazar las condiciones. Sea proveedor o trabajador. Este planteo no es ideológico. El sistema trimonetario es independiente de la política económica que debe resolver democráticamente la sociedad. No tiene relación con el nivel ni la distribución de la carga tributaria, las políticas comerciales, de tarifas, de ingresos o la magnitud del presupuesto social. Sólo pretende evitar la dolarización que congela los actuales niveles de precios relativos o la devaluación que provoca rápidamente la quiebra masiva de deudores en dólares y del propio sistema financiero. También es susceptible de distintas políticas respecto del tratamiento de la deuda externa.

Lo que está claro es que la deflación violenta es inviable para el funcionamiento de una economía y que el ajuste de precios relativos vía inflación es mucho más fácil. Por otra parte, salir de la convertibilidad es sumamente peligroso. Por eso, esta alternativa intermedia parece razonable.

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