Alberto Fernández, Martín Guzmán y Néstor Kirchner.
Luego de varios días de sacudir a los acreedores con amenazas de desilusiones futuras al momento de conocer la oferta de reestructuración de la deuda con privados con legislación extranjera, el Gobierno envió una señal clara de buenos augurios al anunciar la contratación del HSBC y el Bank of America como entidades colocadoras. La novedad trajo una lectura algo optimista para los verbalmente castigados operadores, ya que se trata de dos entidades con un prestigio probado con los años, las crisis y las bonanzas para los mercados de capitales internacionales. Pero que además, al menos en una consideración primaria, tendrían más que ver con los intereses de los fondos de inversión a punto de sufrir una quita que con el Gobierno de Alberto Fernández.
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La abstracción da un paso más profundo cuando se considera que ambos bancos ya conocen la oferta y la consideran, como mínimo, potable y presentable en una mesa de negociación con los fondos de inversión y bancos más importantes del planeta. Sólo así aceptarían representar a la Argentina en una megadiscusión sobre el monto de la quita que recibirán los que apostaron por un país que, otra vez, los volverá a defraudar. Más teniendo en cuenta que lo que el Gobierno de Alberto Fernández dispuso de rentabilidad para el HSBC y el Bank of America será del 0,1% del total de deuda colocado, un monto realmente bajo para los cánones del mercado, y que implica que habrá mucho de prestigio por ganar en el caso que la batalla terminara exitosamente y con un esquema de win win para ambas partes en discusión. Las dos entidades vencieron además en la puja a otros actores de primer orden en el esquema financiero internacional, como el JP Morgan, Barclays, Morgan Stanley, Citi y Merrill Lynch. Esto quiere decir que la propuesta de los dos vencedores era más optimista y abarcativa que la de los fuertes que quedaron en el camino.
La elección del HSBC y el Bank of America fue cerrada por Martín Guzmán en su hermético viaje a Wall Street del miércoles y jueves de la semana pasada. Allí, además de algunos contactos con acreedores, se reunió con representantes de las dos entidades vencedoras de la puja, quienes le hicieron al ministro de Economía su propio road show particular sobre la experiencia pasada y el funcionamiento de cada entidad en este tipo de operaciones, además de proyectar los mecanismos financieros que podrían ejecutar para que la operación de renegociación de los aproximadamente u$s70.000 millones que están en debate sea exitosa. Antes de esto, y en el más absoluto secreto, las dos entidades recibieron las líneas generales sobre la propuesta que Guzmán hará pública en los próximos días, y la consideraron potencialmente exitosa. Además destacaron que si el proceso se concretara prolija y profesionalmente, si se llega al difícil porcentaje del 75% no habrá resquicios legales para que ambos bancos elegidos sufran lo que luego del canje de 2005 vivió el Bank of New York Mellon, que se vio humillantemente implicado en el “juicio del Siglo” entre Argentina y los fondos buitre. Esa entidad había sido la encargada de colocar los bonos emitidos por el Gobierno de Néstor Kirchner para salir del default de 2001; y, como tal, quedó en el tironeo legal entre los demandantes y el país por no colaborar con las posiciones en pugna. Este ejemplo quedó en la retina de todo Wall Street, un lugar donde la memoria es eterna y se convive con la cobardía de una liebre. Se especula entonces que si las dos entidades decidieron participar, sus espadas legales también intervinieron y concluyeron que de llegarse a una mayoría de aceptación el riesgo de juicios (que siempre existe) es, al menos, manejable.
De los dos bancos elegidos lo que más llamó la atención en el país fue la presencia del HSBC en el proceso. No por los pergaminos de la entidad, que están acabadamente probados, sino porque sea un Gobierno con intervención kirchnerista el que lo haya seleccionado. Habrá que reconocer que, como mínimo, la opción demuestra espíritu de independencia económica y financiera de Economía con lo más duro del kirchnerismo. Se trata de una entidad que durante la última parte del Gobierno de Cristina de Kirchner fue combatida con alto cargamento ideológico, al punto de haberse llegado a dar la orden de suspender desde el Banco Central al titular local de la entidad, Gabriel Martino, señalado por no tomar supuestas medidas para evitar maniobras locales de lavado de dinero a partir de la aparición de unas 5.000 cuentas de argentinos particulares y empresas, a través de la sucursal suiza del banco. La Superintendencia de Entidades Financieras y Cambiarias del Banco Central (BCRA) fue la que le aplicó una multa de 85,7 millones de pesos al HSBC Bank Argentina SA y a sus autoridades, por “incumplir normas sobre prevención del lavado de dinero”, además de ordenar la suspensión de Martino.
Luego, ya con la llegada de Mauricio Macri al poder, la entidad lo reincorporó como CEO, y bajo esta nueva gestión el banco se convirtió en muy cercano a las operaciones de deuda del Gobierno de Cambiemos. En agosto de 2016 los problemas judiciales del banco quedaron saldados, al declarar la Sala IV de la Cámara “dejar sin efecto la Resolución 59/15 (del BCRA) en cuanto a las sanciones de multa impuestas”, y ordenó a la Superintendencia que “en el plazo 60 días, funde las sanciones” por un importe cercano a los 84.500.000 de pesos. El HSBC participó en las colocaciones de deuda más importantes del Gobierno de Macri, especialmente la de abril de 2016, para liquidar la deuda con los fondos buitre y la del 28 de marzo de 2018, cuando el Ministerio de Finanzas de Luis Caputo aceptó un crédito directo del HSBC u$s1.000 millones a 18 meses. También había sido actor protagónico del lanzamiento del bono a 100 años de junio de 2017, una colocación emblemática del macrismo, denominado “perpetuo” y que paga una tasa de 8,25% y vencerá en 2117. Ya en campaña, el kirchnerismo duro embistió contra esta relación, amenazando con investigar supuestos movimientos de protección de parte de la Unidad de Información Financiera (UIF) durante el Gobierno anterior. La relación quedó tan marcada que finalmente Martino eligió abandonar la conducción del banco y trasladarse a la sede de Londres con lo que la cúpula local se modificó de raíz.
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