Iglesias deja el BID a fin de setiembre
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Estados Unidos es el mayor accionista del BID, con un 30% del capital votante, y le siguen Argentina y Brasil, con casi 11% cada uno.
Iglesias fue electo como presidente de la mayor y más antigua institución de desarrollo multilateral de la región en marzo de 1988, y reelecto en 1993, 1998 y 2003.
Su actual mandato de cinco años debía expirar en abril de 2008, pero el sábado pasado, los cancilleres de los 22 países iberoamericanos, reunidos en Guimaraes (norte de Portugal) le designaron al frente de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB).
Desde su creación en 1959, el BID ha tenido sólo tres presidentes: el chileno Felipe Herrera (1960-1971), el mexicano Antonio Ortiz Mena (1971-1988) e Iglesias.
Iglesias alcanzó la presidencia de la mayor fuente de financiamiento de América Latina y el Caribe en una época en que la región lanzaba una serie de reformas económicas para recuperarse de la denominada "década perdida" de los '80.
El Banco debía asistir entonces a sus miembros en sus esfuerzos para controlar la inflación, reactivar el crecimiento, liberalizar los mercados y modernizar los sectores público y privado para poder cumplir con sus metas esenciales de reducir la pobreza y enfrentar los problemas sociales más acuciantes de la región.
Dadas las crecientes necesidades de financiamiento de la región para realizar dichas reformas, Iglesias condujo al BID en dos rondas de reposición de recursos que aumentaron el capital ordinario autorizado de 34.500 millones de dólares a 101.000 millones de dólares.
Estos incrementos permitieron al Banco alcanzar una capacidad sostenible de préstamos de 8.000 millones de dólares por año, y volver a ser la principal fuente de financiamiento multilateral para América Latina y el Caribe.
Durante los años 90, los países miembros multiplicaron las áreas de actividad del BID, cuyo mandato fundacional es promover el desarrollo y la integración.
El Banco, que tradicionalmente se había concentrado en sectores como energía, infraestructura, industria y agricultura, recibió instrucciones de dar prioridad al combate a la pobreza, al desarrollo sostenible y a la expansión del sector privado.
También asumió nuevas tareas como la modernización del Estado, la reducción de la violencia, la prevención de desastres y el apoyo a grupos marginados como las mujeres pobres, los pueblos indígenas y las minorías étnicas. El 50% del financiamiento del BID es asignado a los sectores sociales.




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