Tras entrar en contacto con la novedad que Ambito Financiero colocó en su tapa del pasado viernes, era factible conocer el signo de la rueda de la tarde en nuestra Bolsa -negativo- y la única incógnita pasaba por imaginar la profundidad del impacto en el índice. De tales expectativas salió una última fecha donde el Merval retrocedió un sobrio 1,5% y que podía haber correspondido a cualquier día de los llamados normales, con alguna incursión de ventas y un alto de la demanda. El marco resultó coincidente con la sobriedad de las cotizaciones, por cuanto no se consiguió hacer más de $ 40 millones de efectivo para las acciones. El Merval concluyó en los 1.435 puntos y -cierto es- la única preocupación es la coincidencia de esa marca, con la que resultó la mínima del día, 1.434. Ergo, se trató de un desplazamiento debilitado y que culminó en lo más delgado del desarrollo. Acaso prenunció que podría existir continuación de la tónica aparecida.
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El avanzar sobre el levantamiento de secretos bancarios y bursátiles siempre resultó el menú más indigesto para lo financiero y lo bursátil. Acaso en otra tendencia, con un mercado rebosando en volumen, con buenas diferencias de precios en el año, el impacto se hubiera visto en una dimensión mucho más grave. En este escenario, donde lo bursátil ha pasado a ser inversión casi exótica, se hace un daño mucho más simbólico que real: es el secreto.
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