• LES PREOCUPA QUE SUMERJAN AL MUNDO EN UNA RECESIÓN GENERALIZADA Los cambios comenzaron, principalmente, sobre los mercados emergentes. Argentina, Polonia y Hungría, entre los más afectados, según el IIF.
Mientras Trump sigue dando indicios y señales que parece no tener intención alguna de bajar los decibeles de la tensión comercial, los inversores intensificar el rearmado de las carteras bajo un escenario de guerra comercial global.Si bien algunos analistas consideran que un escenario de guerra comercial no sería devastador, el consenso advierte que sí impactaría en el crecimiento económico mundial, y en caso de desmadrarse, podría conducir al mundo a una recesión. Tal escenario se traducirá, seguramente, en un ajuste de carteras. En buen romance: venderán. Al respecto hay que destacar que en las últimas semanas aumentó la correlación entre los índices bursátiles de EE.UU. y de la UE, precisamente, debido al accionar de Trump, que mediante tuits (ver nota aparte), fogonea el ánimo de los inversores.
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Bajo este contexto, los expertos del Bank of America Merrill Lynch afirman que si todas las amenazas se concretan las principales economías del mundo podrían entrar en recesión. Para dimensionar el impacto de una guerra comercial corrieron una simulación sobre el modelo macroeconómico de la Fed. Bajo la hipótesis de un arancel global del 10% sobre todos los bienes y servicios, el impacto sobre la tasa de crecimiento del PBI de EE.UU. sería una reducción de un 0,4% en el primer año y hasta un 0,6% en el segundo año. Además, la inflación subyacente aumentaría y la Fed reduciría su ritmo de suba de las tasas. Si bien una caída en el PBI de entre 0,4% y 0,6% no parece relevante los analistas del BofA-ML dan cuenta que "es probable que haya factores microeconómicos como cuello de botella, interrupciones en la cadena de suministros y desconfianza en los consumidores, que no estén capturados en el modelo". Por lo que reconocen que si el modelo incorporara variables económicas como la producción industrial y los precios al consumidor, la guerra comercial tendría un efecto mucho más negativo: "Un shock arancelario combinado generaría una gran probabilidad que la guerra comercial empuje a la economía de EE.UU. (y probablemente a otras de las principales del mundo) hacia una regresión generalizada". Claro que algunos como el director global de estrategia de Standard Chartered, Steven Englander, ponen paños fríos aconsejando distinguir entre una crisis real y las preocupaciones por una posible crisis: si bien las conversaciones sobre los aranceles comerciales son preocupantes cuando se imaginan potenciales escenarios, los inversores no deben adelantarse.
Pero a la hora de visualizar lo que está ocurriendo en los emergentes, resulta muy interesante el monitoreo del IIF que, en su reporte de tendencias en el posicionamiento de las carteras, advierte que los fondos de inversión están, gradualmente, rebalanceando sus posiciones en acciones emergentes en busca de nueva cobertura. Vale recordar que entre 2016 y 2017 los inversores procuraron reducir el riesgo cambiario apostando a acciones de sectores exportadores ante la dinámica devaluatoria de las monedas emergentes (algo similar hicieron los inversores en bonos que se desplazaron hacia los fondos de divisas). Este proceso se tradujo en un aumento de 8 puntos porcentuales en la participación de los exportadores de emergentes en el índice MSCI (la mitad de la capitalización total del mercado).
Sin embargo, el IIF sostiene que la reciente escalada de las tensiones comerciales (sobre todo, EE.UU. vs. China) ha atenuado este entusiasmo y los sectores orientados a la exportación comenzaron a ver salida de flujos en las últimas semanas. Además, con las tasas de la Fed en alza, los países emergentes vulnerables podrían verse presionados a hacer lo mismo para proteger sus monedas, en particular aquellos con altos niveles de deuda en moneda extranjera. "De hecho, los flujos hacia fondos de capital específicos de cada país sugieren que los inversores han empezado a infraponderar a algunos mercados emergentes con niveles relativamente altos de deuda denominada en moneda extranjera, como Polonia, Hungría y Argentina. Tales preocupaciones podrían superar los beneficios esperados de la depreciación de la moneda para las acciones orientadas a la exportación, socavando el valor de la cobertura que ha respaldado los flujos de acciones emergentes hasta hace poco, y colocando a los países más vulnerables en mayor riesgo de salidas", concluye el IIF.
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