Si sorpresa había causado lo del lunes, estupor generó lo de ayer en el mercado de bonos y extensivo a las indefensas especies privadas. En realidad, los gestos de la fecha estaban en proporción a las expectativas de cada operador, destruyendo a los que habían confiado en la frase de molde («es un problema político, no económico...») pegando duro en quienes eran más cautos, pero igual pensaban en un mercado favorable tras la votación del domingo, y resbalando sobre los que continúan tomando todo sabiendo que no hay soluciones mágicas ni instantáneas.
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Tener que digerir más de 4 por ciento de baja en la primera rueda de agosto, ubicando a un Merval cerca de los «300» puntos y al otro ya por debajo, no resultó ciertamente tranquilizador. ¿Qué se puede ofrendar al mercado para que se digne a calmarse? Poco queda, casi nada. Y el desconcierto impera y cotiza con toda la fuerza. Salió Cavallo a «pasar la gorra» por Europa, salió Marx por el Norte con la «latita», funcionarios sopapeados por la realidad y que esperan recibir muchos más consejos y adhesiones que lo que hace falta: la plata contante y sonante. Que no la dio el blindaje, que no la dispensa el Fondo, y el asunto es netamente económico: por más que voten leyes a medida. Con unos 15 millones de pesos de efectivo, el resto fue para CEDEAR, la huida de papeles resultó fluida y se desató a medida que avanzaba el día. Pareció el viejo axioma de las viejas de antaño, sobre «julio los prepara y agosto se los lleva... «Esperemos que no»... Informate más
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