5 de diciembre 2000 - 00:00

La Argentina pasó la prueba definitiva del blindaje

Como quien va a adquirir una empresa y envía a sus adelantados para saber que lo que le venderán es lo que cree estar comprando, así el secretario del Tesoro, Lawrence Summers, hizo que su segundo, Timothy Geithner, visitara Buenos Aires y revisara las condiciones del país al que los Estados Unidos destinarán fondos a través de los organismos multilarerales de crédito.

Una de las instancias de ese pase de revista, acaso la más importante, se produjo ayer bien temprano,
en la Jefatura de Gabinete, donde el subsecretario del Tesoro desayunó con Chrystian Colombo, Ricardo López Murphy, Horacio Chighizola y Daniel Marx. Con José Luis Machinea no llegó a compartir el café, ya que el ministro llegó tarde, casi al final de la reunión.

«Total, ya lo vi ayer durante el almuerzo», se justificó más tarde delante de un colaborador. Fue la prueba definitiva de que el «blindaje» financiero que gestiona el gobierno ya está garantizado, por lo menos en lo que depende de los Estados Unidos. También Colombo se llevó esa sensación cuando terminó el encuentro: «Nos apoyan más de lo que pensamos, tal vez porque podemos hacer más daño del que suponíamos», en obvia referencia al peligro de contagio regional de una crisis de solvencia en la Argentina.

Geithner llegó al encuentro en una camioneta de las que provee la embajada de los Estados Unidos a sus huéspedes, acompañado de dos colaboradores que no hicieron oír su voz durante toda la estadía en Buenos Aires (muchachos cuya principal habilidad parece ser la de revisar debajo de la alfombra)

Se trata de Andrew Perg y Nathan Epstein, encargados del seguimiento de América latina en la oficina de Summers. Los funcionarios habían pedido discreción: no querían exponerse ante la prensa y por eso pretendían embalarse directamente hacia el garage del edificio de la ex Somisa. O sobraba camioneta o faltó altura, lo cierto es que el vehículo no pudo realizar la operación por la dimensión de la entrada a las cocheras, obligando a Geithner y los suyos a estacionar en la calle y caminar unos metros. Consecuencia: los movileros fueron al asalto a la salida y el segundo de Summers debió decir algo en público.

Fue esto: «Vemos con agrado el progreso realizado tendiente a la aprobación de medidas fundamentales del programa económico y al mejoramiento en la confianza que siguió a estas medidas. Esperamos que se llegue a una rápida conclusión de un acuerdo que pueda ser respaldado por un programa ampliado de asistencia por parte del FMI, el Banco Mundial y el BID».

Charla general


En el despacho de Colombo la charla fue general y la comida, austera. Tanto que el dueño de casa consumió casi en soledad las medialunas, que Geithner no quiso probar. Intérprete de por medio -convocado no se sabe si por deficiencias idiomáticas o por una última ínfula de nacionalismo del «Vikingo»-, se comenzó por el repaso de los cuatro pilares de la reforma económica en curso. Los norteamericanos demostraron tener información muy detallada sobre los números argentinos. Por eso, se los vio más interesados en llevarse algunas certezas políticas.


En efecto, Colombo les garantizó que el presupuesto se aprobaría antes de la reunión de los gerentes del Fondo que se abocan a América latina, que se realizará el martes (por eso se calcula que ese día se anunciará el blindaje para la Argentina). Y sobrevoló muy rápidamente sobre el acuerdo con los gobernadores.


Se detuvo más en la reforma previsional y expuso el resultado de sus últimas conversaciones con Teresa Ter Minassian, del Fondo: «Vamos a aprobarla, sea por ley o por decreto. Pero no va a ser de inmediato. Si quisiéramos aprobarla ya pondríamos en riesgo otros instrumentos más importantes, como el presupuesto».


Geithner se mostró de acuerdo y manifestó que se había enterado del proyecto alternativo que sería presentado por
Carlos Chacho Alvarez, según informó ayer la prensa. «¿Ese hombre es de ustedes o se opone?», preguntó, como si fuera un maestro del budismo zen. Obviamente, no consiguió respuesta alguna.

De esa revisión sobre las próximas decisiones del gobierno se pasó a generalidades sobre la región y el país. Se entusiasmó el funcionario norteamericano cuando Colombo habló de un especial pesimismo del empresariado local. «Yo también lo advertí. Son muy negativos si se los compara con la visión de la economía que uno tiene desde afuera o con la que expresan empresarios extranjeros con inversiones en el país», dijo, extrañado.

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