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A los piqueteros nos les informaron que, hace rato, la Bolsa dejó de ser un símbolo adinerado en el país. Más bien corriendo suertes de segmentos carenciados, la gran sangría de estas dos décadas en cuanto a deserciones de empresas e inversores la han dejado apenas como un objetivo de ataque: para gente confundida. Entre los que no podían entrar y los que no alcanzaban a poder salir del edificio, fueron dos días donde la electrónica del SINAC prestó su mejor concurso: de poder negociar algo, sin estar de cuerpo presente el «piso» con órdenes en la mano.
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