Cuando Sergio Massa llegó a la ANSeS en 2002 -con menos de 30 años se convirtió en el director ejecutivo más joven en comandar el gigantesco organismo la economía estaba sumida en una profunda crisis. La jubilación mínima era de $ 150 y el haber promedio apenas superaba los $ 411. Había menos de 3 millones de jubilados sobre 4,8 millones de aportantes al sistema previsional.
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Años después el balance de su gestión 2002-2007 arrojó, al igual que la presidencia de Néstor Kirchner, resultados impresionantes. Claro que no puede soslayarse que participó de lo mejor del ciclo económico tras la debacle de la convertibilidad. Crecieron la economía, el empleo y los salarios. O sea, la caja previsional. Todas variables clave antes de juzgar la gestión Massa.
Al dejar la ANSeS la jubilación mínima rondaba los $ 650 y el haber promedio los $ 741. Los sendos aumentos decretados desde agosto 2002 significaron más que triplicar la mínima y mejorar en 80% la jubilación promedio.
Su gestión se caracterizó por imprimir un sesgo eficientista a la administración de los millonarios recursos asignados por el Presupuesto. Vale recordar que la ANSeS representa casi la mitad del Presupuesto de la administración pública nacional. Quizás su mayor mérito al comienzo fue continuar los procesos que se estaban llevando a cabo -con el objetivo de modernizar la estructuray mantener a gran parte de los funcionarios heredados, muchos de ellos vinculados al Grupo Sophia ( nombrados durante la gestión de Horacio Rodríguez Larreta).
Descentralizó la gestión del otorgamiento de las prestaciones, impulsó la creación de centros de pagos para los jubilados, un negocio sobre el cual crecieron algunos bancos.
Bajo su impronta comunicacional, un verdadero artista a la hora de difundir desde la simple inauguración de una delegación en el interior del país hasta mejoras para los jubilados, la ANSeS ocupó gran espacio en los medios. Se perfilaba como el Manrique del siglo XXI. De esta manera Massa abrió las puertas de un organismo jaqueado por las sospechas de corrupción.
Con gran habilidad encabezó denuncias sobre desmanejos en el otorgamiento de beneficios, bajo la tutela del fiscal Guillermo Marijuan, en aras de mostrar transparencia.
Pero su gestión dejó algunas dudas principalmente por el manejo de los descuentos por código a los jubilados, en lo que fue un notorio crecimiento del negocio de los préstamos a la clase pasiva donde actúan tanto bancos como mutuales vinculadas a entidades financieras y a sindicatos.
La recuperación económica le permitió a un organismo que registraba déficits preocupantes comenzar a insinuar superávits desde 2006, lo cual agitó los ánimos para repartir los beneficios que traía el crecimiento económico con fines políticos.
Fue quien convenció al presidente de los beneficios « electorales» de flexibilizar el acceso a la jubilación. Así con el llamado programa de inclusión previsional, entre moratorias permisivas y otros regímenes como la jubilación anticipadase jubilaron más de 1,7 millón de personas, que en su mayoría no podían acreditar historial laboral.
Y luego fue por más. Aún quedaba pendiente cumplir con los sindicatos y demás aliados políticos que reclamaban eliminar la jubilación privada. De esta manera se lanzó la reforma previsional.
Significó para el Estado el traspaso obligatorio de 1,3 millón de trabajadores de regímenes especiales y aquellos afiliados a las AFJP con menos de 10 años para jubilarse y con $ 20.000 ahorrados.
Además se traspasaron, en forma voluntaria, otros 1,3 millón de afiliados a las AFJP. De modo que al Estado llegaron más de 2,6 millones de futuros jubilados.
Inyección
Como contrapartida todos estos trabajadores transfirieron sus ahorros que tenían capitalizados en las AFJP. Fueron más de $ 7.000 millones. Semejante inyección de fondos permitió al alicaído superávit fiscal mostrar una mejor holgura.
Para aplacar las críticas de aquellos que advertían que esta contrarreforma previsional implicaría serios problemas, en un futuro cercano, al Tesoro Nacional, Massa pergeñó la creación del Fondo de Garantía de la Seguridad Social, que teóricamente se puso en funcionamiento el 15 de setiembre de 2007 con un capital inicial de $ 20.000 millones.
En la actualidad, entre jubilados y pensionados la ANSeS debe afrontar el pago de haberes de más de 6 millones de personas.
Uno de los objetivos más promocionados por el entonces director ejecutivo fue que acceder a una jubilación ya no llevaría más que un mes de trámite. Pero, por extrañas causas,nunca se llegó al objetivo. En principio logró reducir el tiempo de espera de más de un año a la mitad, pero no hay testigos de haber recibido una jubilación en un mes. Esto llevó a aumentar el stock de trámites pendientes de resolución.
Pero también su herencia ha sido dejar un millar de juicios previsionales y sentencias, que implican miles de millones de pesos a cargo del Tesoro.
Porque la estrategia oficial fue siempre aumentar la jubilación mínima y postergar al resto de los jubilados.
Quienes han recurrido a la Justicia y hoy son una espada de Damocles sobre las cuentas fiscales.
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