Nos equivocamos. Nos equivocamos cuando hace un par de días comentamos que Warren Buffett era el segundo hombre más rico del mundo. Parece que desde hace unos meses es "el más rico del mundo" (ganó u$s 10.000 millones en doce meses), mientras su amigo Bill Gates (por 13 años consecutivos el líder) cayó al tercer puesto, superado por el mexicano Carlos Slim. Lo irónico del caso -vista la actual crisis financiera- es que tanto el primero como el segundo son "hombres de Bolsa". En realidad, la ironía no es tal, porque ambas fortunas se han hecho invirtiendo en pocas empresas, con negocios simples, dominantes o con capacidad de dominio en su sector, ganancias consistentes, un sólido gerenciamiento e incuestionablemente baratas.
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Si alguna vez usted se preguntó cuál es el secreto del éxito en la inversión bursátil, ahí lo tiene: "pan y queso". Pero la realidad es que son pocos los que están dispuestos a tomar el camino de la templanza y la frugalidad, así que no nos sorprendemos que ayer más de uno saliera con todos los síntomas de una indigestión (si no es con una úlcera) del mercado. Para hacer corta una historia larga, lo que vimos ayer fue con algunas variantes lo mismo que se vio en agosto y luego en noviembre.
La primera vez fue el tema de los créditos "subprime", la segunda los vehículos de inversión estructurada y ahora la deuda hipotecaria y las dificultades de los bancos para responder a la baja de las tasas (el diferencial Libor/treasuries está en torno a 0,8 de punto cuando la norma histórica es de 0,1%).
En los tres casos lo que prima es el temor, miedo o pánico en/por el sector bancario. Podríamos adentrarnos de manera puntual y específica en lo que ocurrió ayer, para explicar 1,75% que perdió el Dow cerrando en 12.040,39 puntos, pero esto nos haría perder de vista el panorama "grande" de lo que está ocurriendo. Algunos, los más prudentes, ganan. Otros, quienes actuaron imprudentemente (o les siguieron), pierden. Esto es el fundamento de los mercados. El problema es que quienes hoy deberían estar actuando prudentemente, parece que no lo están haciendo.
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