El público argentino sigue ajeno a los vaivenes del precio del petróleo y las naftas a nivel internacional. En el mercado local, parece lo mismo si el crudo cuesta u$s 147 o si baja a u$s 78. Por el efecto de las retenciones a la exportación, el precio se mantiene entre u$s 42 y 47 por barril para las refinerías que no tienen extracción propia.
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Sin embargo, hay dos elementos que modifican la situación en relación con julio cuando la cotización internacional alcanzó su récord histórico. En primer lugar, al bajar el precio, disminuye casi obligadamente la presión para subir los valores del petróleo y de los combustibles y para saltear los límites impuestos por el gobierno.
En segundo lugar, la sequía y el prolongado paro del campo afectaron este año la demanda de gasoil por parte del agro, por lo cual no hay faltantes del producto para justificar una suba de precios ya sea por mandato de las petroleras o por sobreprecios impuestos por el mercado negro.
Se percibe además que se marcha a un escenario de menor actividad que impactará sobre el consumo, y en un mercado en retroceso es más difícil ajustar precios.
Según las productoras de petróleo, el precio se mantiene prácticamente congelado desde agosto de 2004, cuando el ex ministro Roberto Lavagna impuso por primera vez el esquema de retenciones móviles para el petróleo a partir de una cotización internacional de u$s 45.
Las refinerías que les compran a esos productores afirman, en cambio, que luego de la última modificación a las retenciones de fines del año pasado, hubo un incremento en el precio local del petróleo, que pasó de una banda de u$s 37-u$s 42 a una más alta que es de u$s 42 a u$s 47.
Adecuación
El gobierno facilitó esa suba, al no oponerle regulaciones, así como permitió que en los dos últimos años se fueran adecuando los precios de los combustibles. Una estimación de expendedores de combustibles indica que el gasoil tuvo aumentos de 32 a 46% y la nafta súper de 30 a 45% en el último año y medio, dependiendo de la zona del país y de la petrolera.
Por las regulaciones no escritas impuestas por el gobierno, el litro de gasoil se puede conseguir a menos de $ 2 o a $ 2,30 como máximo, según la petrolera, dentro de Capital Federal, pero en el interior los valores son mucho más altos. No muy lejos, en Mar del Plata el gasoil más barato se vende a $ 2,80.
Pero aun considerando ese avance de los precios, tanto productoras como refinadoras sostienen que sigue existiendo un retraso con respecto a los valores vigentes en los países limítrofes. En Brasil, el país más comparable porque tiene producción, mientras Uruguay y Chile deben importar, la nafta cuesta en la última semana entre 2,4 y 2,8 reales en San Pablo y Rio de Janeiro, según los datos de la Agencia Nacional del Petróleo.
En dólares, esto significa que la nafta súper -la aditivada como se dice en Brasil- cuesta en promedio u$s 1,28 el litro, lo que en pesos argentinos equivale a alrededor de $ 4. La diferencia es mayor con Uruguay donde el litro de súper se consigue a u$s 1,5, sobre todo en Punta del Este, mientras en Chile también importador se ubica en u$s 1,2 con leve baja a partir de mañana.
Si las condiciones del mercado lo permitieran, las petroleras tenderían a cobrar los precios de Brasil, pero por el momento hay un compás de espera, debido a ciertas características propias del mercado argentino, como el predominio de YPF que de alguna manera marca el ritmo de los ajustes. Tampoco se podrían tocar demasiado los valores al público cuando se anticipa por lo menos estancamiento de la actividad y cuando en el mundo, aun en los países limítrofes, el valor en dólares está bajando por la depreciación de las monedas locales.
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