Hasta la una de la tarde bien vale la idea de que nada pasaba en el mercado. A partir de ahí, malhumor. Un malhumor tan evidente que no sólo el Promedio Industrial perdió 1,01% cerrando en 10.440,58 puntos (mínimo del día) y el NASDAQ cedió 1,7%, sino que el volumen negociado creció a más de 1.500 millones de acciones en el mercado tradicional y casi 2.700 millones en el electrónico. Para quien los números no alcancen a servir como reflejo de lo ocurrido, baste decirles que la de ayer es la mayor baja de las blue chips en las últimas tres semanas (en las últimas seis para los papeles del índice tecnológico) y que tan sólo 2 de los 30 participantes del Dow terminaron en positivo (Caterpillar y McDonald's). Sin noticias puntuales que alcancen a explicar lo ocurrido, de no haber sido tan significativa la baja, podríamos vincularla con el esperado reajuste de carteras gananciosas típica de fin de año porteras cuestiones impositivas. Pero con el petróleo (fuente para muchos de gran parte de los humores de los inversores) desplomándose otra vez (perdió 3,36% al cerrar en u$s 41,46 por barril), el oro retrocediendo a u$s 453,7 por onza y Johnson & Johnson anunciado que está por adquirir Guidant (equipos para tratamiento cardíaco y circulatorio) en u$s 24.000 millones, la mezcla de "muy buenas noticias" (en un escenario "normal", cada una de ellas podría disparar un rally alcista) con la que evidentemente ha sido la peor rueda en prácticamente un mes, hablan de otra cosa. Sin más datos y con apenas el comportamiento de los inversores como referencia, hay quienes hablan que lo que vimos fue la reacción de un mercado que se encontraba sobrecomprado.
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