10 de noviembre 2008 - 00:00

La pobre política y la nueva anomalía

La pobre política y la nueva anomalía
Desde principios del siglo XX, sólo una elección presidencial (la de Harry Truman) fue celebrada con una baja mayor que la que acaba de experimentar la de Barack Obama esta semana (-5,26% frente a -4,21%). No sabemos qué significa esto, pero si tenemos en cuenta que el viernes, cuando el nuevo presidente comenzó a dirigirse a la nación, lo que era una suba de 3,05% se redujo a 0,82% en el momento de la despedida, es razonable pensar que cierta parte del universo inversor no ve un futuro demasiado claro. Es cierto que la rueda del viernes terminó con el Promedio Industrial alzándose 2,85% a 8.943,81 puntos, pero como vimos, esto no tuvo que ver con la política sino con los fuertes rumores de lo que sería un inminente recorte de medio punto en la tasa de Fondos Federales a más tardar en la próxima reunión de la Fed (el 16 de diciembre), y con una nueva anomalía temporal.

Durante setiembre y octubre fue notable la actividad de los inversores más especulativos buscando no quedar expuestos sábados y domingos. Esto derivó en que los viernes se anotaran los volúmenes más elevados y las bajas más significativas (las subas más grandes se han dado los lunes, cuando se rearmaron las posiciones), convirtiendo estas ruedas en las mejores de la semana para el ingreso de los inversores de obligados de largo plazo. La brutal baja posteleccionaria del miércoles y jueves adelantó este efecto (mucho cuidado antes que guiarse por él, ya que en cualquier momento desaparece), disparando durante la última rueda una serie de órdenes de compra alcistas que hicieron caso omiso a los pésimos datos del frente laboral (el desempleo más alto desde 1994), las malas perspectivas sobre el futuro que acompañaron los balances de Disney, News Corp, Genworth, Big Lots, Macys, Qualcomm, etc., y la crítica situación de General Motors y Ford, entre tantos factores adversos. Hay quienes pensaron que las elecciones nos darían una impasse e incluso cierta luna de miel a los vencedores. Sin embargo, parece que por encima de cualquier esperanza la realidad económica se sigue imponiendo.

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