La Serenísima en problemas: la principal empresa láctea del país envió ayer a la Bolsa porteña un balance en el que admite pérdidas de $ 110 millones en el primer semestre del año. La empresa de los Mastellone venía perdiendo unos $ 80 millones anuales desde un lustro, por efecto de la pesada carga financiera que representa el pago de su deuda. Sin embargo, el quebranto en la primera mitad de 2008 pinta un panorama preocupante de cara a sus obligaciones futuras: el año que viene le vencen cerca de u$s 85 millones de su deuda renegociada, un pago que podría verse dificultado si las actuales condiciones del mercado lácteo se mantienen sin cambios radicales.
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Este año, de todos modos, ya abonó unos u$s 11 millones correspondientes a la cuota semestral de intereses, y a fin de año haría lo propio con otra cuota similar. La abismal diferencia entre los montos correspondientes a 2008 y 2009 tiene que ver con el hecho de que el año entrante La Serenísima deberá comenzar a amortizar el capital de su deuda.
A diferencia de SanCor, que exporta buena parte de su producción -en especial a Venezuela- Mastellone Hermanos SA vende casi todo lo que produce en el mercado interno. Está claro, además, que la falta de políticas para el sector le pegó duro, lo mismo que los dos meses (mayo y junio) del conflicto del agro con el campo incluidos en el balance semestral, que hicieron caer sus ventas cerca de 20%.
La explicación que da el mercado es que en ese período La Serenísima no pudo retirar la leche de los tambos que suelen proveerla, por lo que los tamberos se la vendieron a pymes locales que rápidamente la convirtieron en quesos. «Hoy el mercado tiene stock de quesos para seis meses, a pesar de lo cual el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, el fin de semana pasado decidió suspender las exportaciones de queso, con lo que los precios se irán al piso», dijo a este diario un productor lácteo afectado por esta medida del controvertido funcionario.
SanCor, en cambio, se vio favorecida por el acuerdo impulsado por los Kirchner con su amigo Hugo Chávez, cuando el fondo Adecoagro, del magnate George Soros, hizo un intento por asociarse con la cooperativa láctea. Chávez se comprometió a otorgar una línea de crédito que permitió a SanCor levantar su deuda, y a cambio cobra en leche en polvo, a valores internacionales y sin que el gobierno argentino aplique retención alguna sobre esas exportaciones. La láctea que capitanea Pascual Mastellone admite en su carta a la CNV que en el balance semestral no están incluidos los u$s 7 millones que le pagó la francesa Danone como primera cuota por la compra de la línea de leches maternales de La Serenísima. Esa cifra, junto con el saldo de precio de u$s 15 millones (lo que hace un total de u$s 22 millones), deberá figurar en el balance del segundo semestre de 2008, que necesariamente será mejor que el de la primera mitad del año. Esto garantizaría el pago de los u$s 11 millones por intereses mencionado.
También el segundo balance semestral reflejará la suba de 20% que espera la láctea en sus ventas, sólo por efecto de la recuperación de la caída de la primera mitad del año. Tampoco figuran en este balance las «compensaciones» (léase subsidios que rara vez se pagan en tiempo y forma) que el gobierno otorga a productores y empresas lácteas. De hecho, tampoco pudieron contabilizar ese importe en el rubro cuentas a cobrar porque el ONCCA aún ni siquiera calculó cuánto les corresponde.
Como se ve, el número del semestre es indudablemente malo, pero las perspectivas podrían mejorar. Seguramente Cristina de Kirchner no estaba pensando en Mastellone Hermanos cuando ayer en la planta de Ford en General Pacheco habló de los «excelentes balances con grandes utilidades» que presentaron las empresas argentinas el pasado semestre.
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