La UIA acumula cifras que respaldan la devaluación
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Juan Carlos Lascurain
El argumento de la Presidente para defender este gradualismo fue que si se sube bruscamente el valor del dólar, el efecto inflacionario y una posible corrida cambiaria serían inevitables. Desde la UIA responden que la inflación dejó de ser un problema y que las consecuencias sobre las reservas de una recesión fuerte serán peores que las de una devaluación.
«Llegó la hora para el gobierno de demostrar si su compromiso con el modelo productivo es por convicción o se trató de mero oportunismo. Si ante la primera emergencia volvemos a responder subiendo la tasa y defendiendo el tipo de cambio actual, la respuesta será obvia», agregó otra fuente de la UIA.
Lo cierto es que ya están produciéndose situaciones al menos llamativas de cara a la crisis. Hoy la gran mayoría de las empresas brasileñas que compraron firmas líderes argentinas para aprovechar la ventaja cambiaria entre el peso y el real están en serios problemas. Los casos más evidentes son los de la textil Alpargatasy la cementera Loma Negra, ambas del megagrupo brasileño Camargo Corréa. En su escala, textiles como Grendene, Dill, Santana, o figoríficos como Mafrig o Friboi también están en la disyuntiva de seguir acumulando stocks hoy difíciles de vender o suspender personal. La idea de esos grupos al venir al país fue producir aquí porque era más barato, y exportar a Brasil; hoy, esa ventaja se achicó mucho, y el consumo se redujo a ambos lados de la frontera.
Otro tema que parece haber quedado fuera de la agenda inmediata es la discusión salarial: a pesar de casos aislados como el del secretario general de los mecánicos, José Rodríguez, o el gremio de los docentes porteños (ambos con más olor a política que a reclamo reivindicativo) la cuestión central dejó de ser el sueldo para pasar a ser el mantenimiento de las fuentes de trabajo.
Según los empresarios consultados, «hoy los sindicalistas están muy cautelosos; ellos conocen mejor que nadie lo que está pasando en las fábricas, y saben que si van a la huelga, a más de un empresario estarán haciéndole un favor: le ahorrarán tener que suspender o despedir a sus empleados».
Ante este panorama lo único que parece sobrevivir son los ladrillos. Un conocido desarrollador inmobiliario le confió a este diario haber comprado un importante terreno en Capital Federal en el que levantará dos torres de departamentos. «¿De cuántos ambientes? De lo que me pidan: uno, dos, tres, pisos enteros... ¿Sabe por qué nos metimos en esto con cinco amigos? Hoy, si uno tiene la plata depositada afuera le cobran más por mantener la cuenta abierta que lo que le pagan de intereses, y además está todos los días mirando las noticias a ver si el banco se cae; de las acciones y los bonos por ahora no se puede ni hablar por la volatilidad. La construcción, en cambio, está ahí: en el peor de los casos de crisis, como construyó al costo, el único valor que quedará inmóvil será el del terreno, pero todos los demás bajarán.»




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