La UIA acumula cifras que respaldan la devaluación

Economía

Mañana por la tarde volverá a sesionar la junta directiva de la Unión Industrial Argentina (UIA), especie de parlamento de la entidad en el que están representados todos los sectores y las provincias. La idea es que cada industria o región, ya con problemas concretos a raíz de la caída en la actividad, presente un informe detallado de su situación. A partir de estos reportes sectoriales, la UIA compilará un exhaustivo trabajo en el que se incluirán todos los problemas de la industria argentina, a ser presentado ante el gobierno nacional, como argumento para sustentar su pedido de devaluación.

La reunión fue motivada por una similar del martes pasado -de la que dio cuenta este diario- en la que en forma tumultuosa y desordenada se escucharon quejas estentóreas de sectores tan diversos como la madera, el plástico, los aserraderos de Misiones, las autopartistas y las terminales automotrices, así como de una empresa textil brasileña radicada en el Chaco.

La idea, según una alta fuentede la UIA consultada por este diario, es «dejar de hablar en el aire, sino con los números en la mano. ¿O a usted le parece casual que Easy y Carrefour estén hablando de suspender, de despedir personal? La recesión se ve en el final de la cadena, o sea en el comercio, pero antes el fabricante dejó de producir porque el minorista ya paró de comprarle...».

Sin dudas apremiado por esta ebullición interna, Juan Carlos Lascurain -presidente de la UIA- fue uno de los más enérgicos en la reunión que mantuvo Cristina de Kirchner en Olivos con líderes empresarios. Lascurain se cruzó con Eduardo Eurnekian de la Cámara Argentina de Comercio y con Jorge Brito de ADEBA en relación al valor del dólar (Carlos Wagner, de la construcción, guardó silencio como es su hábito).

El metalúrgico -flanqueado por su vice Luis Betnaza, de Techint- le dijo a la Presidente que la situación estaba mucho más complicada de lo que se escuchaba en los medios.

También insistió en la necesidad de un tipo de cambio competitivo para preservar la industria. La mandataria le habría respondido que la acción oficial irá en línea con lo adelantado una semana antes por el jefe de Gabinete, Sergio Massa: llevando el dólar a los u$s 3,35 de manera gradual.

  • Efectos inevitables

    El argumento de la Presidente para defender este gradualismo fue que si se sube bruscamente el valor del dólar, el efecto inflacionario y una posible corrida cambiaria serían inevitables. Desde la UIA responden que la inflación dejó de ser un problema y que las consecuencias sobre las reservas de una recesión fuerte serán peores que las de una devaluación.

    «Llegó la hora para el gobierno de demostrar si su compromiso con el modelo productivo es por convicción o se trató de mero oportunismo. Si ante la primera emergencia volvemos a responder subiendo la tasa y defendiendo el tipo de cambio actual, la respuesta será obvia», agregó otra fuente de la UIA.

    Lo cierto es que ya están produciéndose situaciones al menos llamativas de cara a la crisis. Hoy la gran mayoría de las empresas brasileñas que compraron firmas líderes argentinas para aprovechar la ventaja cambiaria entre el peso y el real están en serios problemas. Los casos más evidentes son los de la textil Alpargatasy la cementera Loma Negra, ambas del megagrupo brasileño Camargo Corréa. En su escala, textiles como Grendene, Dill, Santana, o figoríficos como Mafrig o Friboi también están en la disyuntiva de seguir acumulando stocks hoy difíciles de vender o suspender personal. La idea de esos grupos al venir al país fue producir aquí porque era más barato, y exportar a Brasil; hoy, esa ventaja se achicó mucho, y el consumo se redujo a ambos lados de la frontera.

    Otro tema que parece haber quedado fuera de la agenda inmediata es la discusión salarial: a pesar de casos aislados como el del secretario general de los mecánicos, José Rodríguez, o el gremio de los docentes porteños (ambos con más olor a política que a reclamo reivindicativo) la cuestión central dejó de ser el sueldo para pasar a ser el mantenimiento de las fuentes de trabajo.

  • Cautela

    Según los empresarios consultados, «hoy los sindicalistas están muy cautelosos; ellos conocen mejor que nadie lo que está pasando en las fábricas, y saben que si van a la huelga, a más de un empresario estarán haciéndole un favor: le ahorrarán tener que suspender o despedir a sus empleados».

    Ante este panorama lo único que parece sobrevivir son los ladrillos. Un conocido desarrollador inmobiliario le confió a este diario haber comprado un importante terreno en Capital Federal en el que levantará dos torres de departamentos. «¿De cuántos ambientes? De lo que me pidan: uno, dos, tres, pisos enteros... ¿Sabe por qué nos metimos en esto con cinco amigos? Hoy, si uno tiene la plata depositada afuera le cobran más por mantener la cuenta abierta que lo que le pagan de intereses, y además está todos los días mirando las noticias a ver si el banco se cae; de las acciones y los bonos por ahora no se puede ni hablar por la volatilidad. La construcción, en cambio, está ahí: en el peor de los casos de crisis, como construyó al costo, el único valor que quedará inmóvil será el del terreno, pero todos los demás bajarán.»
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