En un acto más político que económico contra el FMI, el gobierno lanzará hoy, a través del discurso que pronunciará Cristina Fernández de Kirchner, un sobrevaluado Consenso de Buenos Aires, en contraposición a los postulados del Consenso de Washington. El epicentro será en el hotel Sheraton de Pilar, y hasta anoche no estaba confirmada la presencia de Roberto Lavagna. El que sí patrocinará como invitado especial será el economista norteamericano Joseph Stiglitz, además del venezolano José Antonio Ocampo y los argentinos Roberto Frenkel y Bernardo Kosakoff.
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Como precalentamiento, este premio Nobel y atacante clásico del Fondo Monetario y del gobierno de George W. Bush habló ayer en Brasil y ponderó la gestión económica de la Argentina. Según Stiglitz, el mundo «necesita una nueva estructura que tenga en cuenta la importancia de la igualdad social y el empleo, que establezca un balance entre el papel del gobierno y el del mercado».
Para el visitante, el hecho más importante de los últimos años para enfrentar esta tendencia fue la posición de la Argentina ante el FMI y la decisión de reducir la deuda externa con el proceso de canje.
Stiglitz desplegará hoy en Buenos Aires su arsenal contra el Consenso de Washington, un concepto definido en 1989, basado en un conjunto de recomendaciones dirigidas a países dispuestos a reformar sus economías, con la idea de que el mundo coincidía en que tales pasos eran necesarios para pasar de la pobreza a la prosperidad. Entre esas recomendaciones estaban la disciplina fiscal, el cambio en las prioridades del gasto público, la reforma tributaria, la liberalización comercial y del sistema financiero, la privatización de las empresas estatales y la protección de los derechos de propiedad.
Según Stiglitz, el Consenso de Washington llevó a la mayoría de los países de América latina a un estancamiento económico y a un deterioro de los indicadores sociales, que muchos gobiernos pasaron por alto. Al respecto, explicó ayer que mientras el crecimiento de América latina entre 1950 y 1980 fue de 6,8%, entre 1994 y 2004, años en que el Consenso de Washington tuvo una fuerte influencia en las políticas económicas de muchos países, las economías de la región crecieron apenas 2,3% en promedio.
Recordó, además, que en esos años aumentaron en Latinoamérica el desempleo y el empleo informal, mientras que el Producto Bruto Interno per cápita disminuyó como consecuencia de las políticas económicas neoliberales. «Las políticas del Consenso de Washington limitaron el crecimiento, y cuando hubo crecimiento, no fue equitativo», anotó Stiglitz, quien entre 1993 y 1995 fue miembro del Consejo de Consultores del entonces presidente estadounidense Bill Clinton, y de 1997 a 2000 fue economista jefe del Banco Mundial. Stiglitz criticó especialmente la «acelerada» política de privatizaciones de los servicios públicos y de los sistemas de seguridad, que en muchos países de la región produjo «consecuencias desastrosas».
Para el economista, el Consenso de Washington «creyó demasiado en la eficiencia de los mercados», y sus promotores «no entendieron el papel importante de los gobiernos, principalmente en los países en desarrollo».
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