Una multitud recorre el Salón del Automóvil de París. En discursos y charlas privadas, los
más altos ejecutivos del sector hacen pronósticos a la baja (también para la región).
París - «Estamos enfrentando una grave crisis.» Con esta frase Christian Streiff, presidente del grupo PSA Peugeot Citroën, abrió su discurso durante la inauguración ayer del Salón Internacional del Automóvil en París que, a diferencia de otras ediciones, está marcado por la incertidumbre económica. La opinión del alto ejecutivo de la marca francesa no es la excepción: es, en realidad, el clima reinante en el sector automotor mundial.
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La apertura de este salón se produce un día después de conocerse en Europa cifras alarmantes sobre las ventas de 0 km. En España, la caída del mercado el mes pasado fue de más de 30 por ciento comparado con un año atrás. En Italia la baja supera 20 por ciento. En Francia hubo una suba de 8,4 por ciento, pero aquí se contabilizan dos días más de actividad respecto de setiembre de 2007; de lo contrario la suba habría sido de apenas 1,4 por ciento. En Alemania el mercado se mantuvo sin crecimiento, lo que significa un retroceso teniendo en cuenta la tendencia positiva que se venía registrando en ese país.
Pero si bien en este momento los ojos están puestos en lo que sucede en Europa, el impacto que podría tener la crisis internacional en mercados como la Argentina y Brasil también preocupa. El propio Streiff, en diálogo con este diario, alertó sobre la situación en ambos mercados.
«La crisis va a afectar seguramente a América latina porque la crisis es global. Deberemos ser prudentes en el futuro sobre los planes de producción de nuevos modelos de la compañía», admitió.
En la misma línea, Osvaldo Baños, director general del grupo francés en la Argentina y presidente de ADEFA, también habló de un escenario más complicado: «En 2009 vamos a tener un menor crecimiento», confesó.
La preocupación de la industria automotriz mundial por el futuro de la economía se refleja también en el tema dominante de este salón: todas las terminales centraron sus lanzamientosde vehículos en modelos menos contaminantes y de menor consumo.
El presidente de Renault a nivel mundial, Carlos Ghosn, dijo que Francia y Europa tendrán que adaptarse a la realidad del mercado luego de presentar un «concept car» del modelo Kangoo que introduce el concepto de «contaminación cero».
Precisamente Francia, que resistió en setiembre la baja europea del mercado, logró esta ventaja por la instrumentación de una rebaja de impuestos para los vehículos de baja contaminación. Sorpresivamente esta medida, que no había sido tomada pensando en la crisis, sirvió para que setiembre no cerrara en rojo.
La caída del mercado europeo se debió principalmente al encarecimiento del crédito, ya que más de 80 por ciento de las operacionesen este continente se realizan con financiación.
Diésel híbridos
En la línea de avanzar en vehículos de menor contaminación, el grupo PSA presentó el sistema HYmotion4 con motores diésel híbridos. En cuanto a las novedades, se destaca la sexta generación del exitoso Golf de Volkswagen, que todavía no tiene fecha de llegada para la Argentina. También se presentó el Citroën C3 Picasso, un vehículo del segmento mediano compacto que se comercializará en la Argentina con producción brasileña.
En el caso de Renault, la marca francesa mostró el Mégane III que es un vehículo que la filial argentina está «peleando» para producir en el país. «Habrá que esperar», dijo diplomáticamenteel presidente de Renault Argentina,-Dominique Maciet, que se mostró preocupado por la crisis internacional y su impacto regional.
«En la Argentina se sentirá el impacto de la crisis global hacia 2009. El mercado para el año próximo puede cerrar en 570.000 unidades, que es un nivel alto, pero menor que 2008, que podría terminar en 585.000 vehículos. Incluso nosotros tenemos un escenario de mínima para 2009 de 500.000 unidades», reveló Maciet.
Por su parte Luis Basavilbaso, director de Citroën Argentina, aseguró que aún mantienen los planes para el año próximo, aunque alertó por el impacto que podría tener en la Argentina una desaceleración de la economía brasileña, así como la pérdida de rentabilidad.
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