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Primero, para no incurrir en default con el organismo es un evento muy grave para la economía del país. Principalmente, se dificulta la recuperación de la poca confianza internacional en las perspectivas de una recuperación fuerte y sostenida.
Esto implica que sería muy difícil que lleguen inversiones extranjeras y de los argentinos en el exterior (más de u$s 100.000 millones). Si uno revisa la lista de países que incurrieron en default (Cuba, Egipto, Camboya, Guyana, Perú, Honduras, Panamá, Sierra Leona, Yugoslavia, Zambia, Zaire, Somalia, Afganistán, Irak, Liberia, Sudán, Haití, Zimbawe; los últimos ocho aún siguen) verá que ninguno de ellos se encuentra en buenas condiciones económicas y sociales.
El default con el organismo genera tensiones con los países más desarrollados del mundo, principales accionistas del organismo que suelen no tolerar a los países rebeldes que buscan atentar contra el statu quo internacional incumpliendo los compromisos asumidos.
Si otros países emergentes tomaran el camino argentino, el sistema financiero y económico internacional podría colapsar.
Adicionalmente, una vez que un país cae en default con el Fondo, el levantamiento de ese estado es una tarea muy dificultosa ya que para ello se requiere el pago completo de todas las sumas bajo los distintos préstamos otorgados.
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