13 de julio 2001 - 00:00

Las máximas de Ibarra para seducir al PJ ante la crisis

Aníbal Ibarra concentró ayer con el grupo chico de sus consejeros para acordar una estrategia que lo posicione por fuera de los límites de la Alianza en medio de la crisis. Con ese grupo de funcionarios frepasistas de su gobierno, el jefe porteño analizó las medidas anunciadas el miércoles, las ideas de Raúl Alfonsín y punteó sus próximos pasos que se centrarán en la búsqueda de aliados peronistas.

En ese encuentro en su despacho, pasado el mediodía, que compartió con el secretario de Desarrollo Económico, Eduardo Hecker, el titular del Banco Ciudad, Roberto Feletti, Raúl Fernández (jefe de Gabinete), Verónica Torras (subsecretaria de Comunicación), Vilma Ibarra (su hermana) y Ariel Schifrin (jefe del bloque Alianza de la Legislatura de la Capital), Ibarra ordenó: «No se le tiene que ocurrir a nadie sacar un rédito político de esto». Todos disimularon diversos gestos de espontánea algarabía. Después de todo, él ya había hecho lo suyo a la salida de la casa de Alfonsín (ver nota aparte): dijo que no había «rupturismo» en la Alianza, y que a la Capital no afectaban las medidas, una visión que le amplió más tarde su secretario de Hacienda, el radical Miguel Pesce, quien viene de la gestión radical en la Ciudad, para advertirlo de que ya había un ajuste presupuestario mínimo en función de la caída de la recaudación.


• Deberes

En principio se acordó que no habrá baja de sueldos, aunque seguirá la de contratos que ya está en marcha, pero que la previsión será sólo para gastos flexibles.

Con esa situación más clara, el jefe porteño asintió a su reducida porción de allegados frepasistas con los que acordó hacer varios deberes, una vez que escuchó una catarata de recetas económicas aportadas por Feletti y Hecker, mientras que Vilma se mordía los labios para no preguntar cómo se está en contra de las medidas anunciadas por el gobierno nacional y a la vez se respalda al gobierno nacional. Ibarra en cambio se preocupó por un decálogo con el cual esos consejeros quieren elevar la imagen de su cacique:

No avalará las medidas económicas porque sostendrá que la rebaja del gasto público no es todo el problema, sino que lo es el crecimiento, pero no criticará a Cavallo.

Se inclinará por la idea de desplazar la presión tributaria hacia sectores de mayores recursos (empresas privatizadas, AFJP).

No debe ser su único interlocutor Raúl Alfonsín.

Deberá no atarse a la Alianza, sino posicionarse como un gobernador más, que como plus maneja un distrito sin problemas acuciantes.

Con ese estilo, se abrirá hacia otros políticos sin ataduras partidarias.

Deberá mantener diálogo con el principal líder de la oposición. Los invitados le señalaron a Eduardo Duhalde. También acercarse a otros, como José Manuel de la Sota, le sugirieron.

Le exigen protagonismo en las decisiones nacionales y para eso que busque consensos dentro y fuera de la Alianza.

Deberá preservar, en sus apreciaciones sobre medidas, el consenso con la gente más que otra cosa.

Así creen que logrará el frepasista un «liderazgo autónomo» para lo cual también le pidieron que «ordene la tropa antes de que se disperse más».

Como broche, además le pidieron «un shock» en la gestión, en lo que se refiere a obras públicas y seguridad.

Por otra parte, creía Ibarra que otra vez la Capital podría estar exenta de ajustes, ya que por ahora goza de un pequeño superávit tras el equilibrio en sus finanzas que le dejó Fernando de la Rúa durante su gestión porteña. En cambio advirtió la necesidad de un retoque al presupuesto porteño, que el mes pasado sufrió 5,78 por ciento de baja en la recaudación con respecto al año anterior.

Confían que «todavía la Ciudad no lo va a sentir, pero puede afectar la recaudación» y que además «la Nación le seguirá pasando los 300 millones de pesosque recibe de cuota fija de coparticipación y transferencias de servicios educativos».

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