28 de noviembre 2000 - 00:00

Las mujeres tienen que jubilarse a los 60 años

Hace algunos años, cuando la mujer incursionó en el mercado del trabajo rentado (porque convengamos que en el mercado del trabajo estuvo desde las primeras épocas de la humanidad), la consigna por la que luchábamos era a igual trabajo igual remuneración, tenía que ver con el desvalor del trabajo de la mujer, se consideraba que la mano de obra feme-nina era de baja calidad.

Mucho tiempo pasó... con enorme sacrificio, dejando de lado las posiciones cómodas, la mujer del siglo XXI aceptó el desafío y sin período de transición hoy se encuentra con un lugar en el mundo. No resultó fácil ni resulta fácil. Nuestros hombres, con los que compartimos el hogar y el mundo del trabajo, no asumen la necesidad de compartir el trabajo doméstico, es allí cuando surge la primera diferencia, la mujer no sólo trabaja para la procura de una renta, sino que también trabaja en el ámbito doméstico (¡y cómo!).

Si bien logramos que a igual trabajo se establezca igual salario, no es menos cierto que la feminización de las tareas menos rentadas hoy es una realidad; la mano de obra femenina se ocupa en rubros casi fundamentalmente de servicios, donde la edad juega un papel fundamental (secretarias, docentes, empleadas de comercio, domésticas, promotoras, etc.); también es una realidad coti-diana de cada mujer que pretende su lugar en el mundo el ya familiar «techo de cristal», esa suerte de valla que se coloca en los lugares de decisión, donde se valoran más las cualidades masculinas para el mando que las femeninas, allí donde la mayoría de las veces no sólo se valora el conocimiento, sino también la experiencia, la edad... suele ser el sitio prohibido de las mujeres.

Permanencia

Otro dato de la realidad es que la mujer solía ser una exploradora esporádica en el mercado del trabajo rentado; generalmente al momento de tener un hijo y criarlo se retiraba, para volver cuando el hijo pudiera valerse por sí mismo; hoy las necesidades de mantener a la par del hombre la economía familiar hace que la mujer llegue al mundo del trabajo rentado y permanezca, con lo cual a los 50 y 60 años ha logrado permanecer por más de 20 años aportando a la economía familiar y social.

Son todos datos de la realidad laboral de la mujer, que nos hacen ser tan enfáticas como allá por el '91, cuando por las mismas razones que hoy se quería imponer la elevación de la edad para la jubilación femenina; en ese momento 14 mujeres diputadas nos paramos a la par de nuestras bancas dejando sin quórum la sesión, hasta que nuestros compañeros varones, muchos de los cuales compartían y comparten lo improcedente de esta medida, comprendieron que elevar la edad jubilatoria de la mujer era confirmar que una mujer mayor de 60 años se quede sin trabajo, sin salario, sin jubilación.


Resulta cuando menos inexplicable que el actual ministro de Economía insista con esta medida, resulta inexplicable que se insista en precarizar las condiciones de trabajo para crear trabajo y por otro lado se pretenda dejar obligatoriamente a la mujer en ese mismo mercado de trabajo al que se considera tan reducido que en el mundo se estudian medidas para que el poco trabajo que hay se reparta más, ejemplo: jornada de 35 horas en Francia.


¿Estamos ante medidas que nos permitan ser optimistas por la seriedad? O sólo vemos cómo nuevamente se quiere tapar el sol con la mano.


La falta de empleo no se resolverá si se siguen sacralizando las recetas que economistas foráneos intentan imponer. Los argentinos necesitamos el gran debate en torno de lo que todos estamos dispuestos a dar, y cuando decimos todos decimos todos.


A no equivocarse nuevamente, los trabajadores somos los más interesados en que se resuelva la falta de empleo, no es elevando la edad jubilatoria de la mujer como vamos a resolver los acuciantes problemas, ni la falta de empleo, ni la falta de recursos de la seguridad social.


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