Ley búmeran
El radicalismo encontró la forma de acosar a los funcionarios del gobierno remisos a informar sobre cuestiones ríspidas en sus carteras. Felisa Miceli fue ayer intimada a explicar los pormenores del escándalo por el caso Greco y Ricardo Jaime denunciado a la Oficina Anticorrupción -y en breve a la Justicia-por no aclarar el incremento de $ 300 millones en subsidios al transporte. Utilizan para hacerlo una sana norma que estableció el oficialismo en 2003 para transparentar la información pública. Como sucede con muchas leyes elogiables, en este caso también terminó por complicar al gobierno que la instauró porque eligió incumplirla.
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Ahora ese procedimiento comenzó a ser utilizado por la oposición para que el Poder Ejecutivo conteste los informes que le envía el Congreso, algo a lo que los hombres de Kirchner siempre fueron remisos.
El procedimiento establecido en 2003 por el Presidente dispone que cualquier funcionario de alto rango -hasta director general-«está obligado a permitir el acceso a la información en el momento en que le sea solicitada o proveerla en un plazo no mayor que 10 días. El plazo puede ser prorrogado en forma excepcional por otros 10 días, de mediar circunstancias que hagan difícil reunir la información solicitada».
Fuera de esa obligación sólo quedaron datos estratégicos del Estado, informes que sirvan a la defensa del fisco en juicios contra terceros o de carácter militar.
El mismo régimen establece que «la información debe ser brindada en el estado en que se encuentre al momento de efectuarse la petición, no estando obligado el sujeto requerido a procesarla o clasificarla. Cuando la información contenga datos personales o perfiles de consumo, estos datos deben ser protegidos».
Si una vez cumplido el plazo de 10 días, la información no hubiera sido brindada a quien la pidiere -un legislador, ONG o particular-, se habilitan la denuncia del funcionario ante la Oficina Anticorrupción y la presentación de una Acción de Amparo ante la Justicia, como harán los senadores ahora con Jaime y dentro de 20 días con Miceli si no responde el pedido de informes presentado ayer.
Pero el radicalismo tiene, además, una intención colateral en aprovechar este procedimiento. Ese mismo decreto establece que el encargado de garantizar ese régimen de acceso a la información es el subsecretario para la Reforma Institucional, cargo que ahora ejerce Marta Oyhanarte, hija de un dirigente histórico del radicalismo, legisladora y ex funcionaria, a quien ahora no le perdonan su pase al kirchnerismo.




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