Llega en una semana John Taylor, el "controller" de Lavagna en EE.UU.

Economía

John Taylor, el subsecretario del Tesoro de los Estados Unidos, es la figura de mayor jerarquía de la administración norteamericana, responsable por la supervisión de la política económica argentina. Eso lo lleva, periódicamente, a ejercer mediaciones y presiones en la inquieta relación entre el gobierno de Néstor Kirchner y las autoridades del Fondo Monetario Internacional. Estos roles vuelven especialmente relevante su visita: el miércoles que viene, Taylor estará en Buenos Aires por el día, en una escala de un viaje que incluye una etapa brasileña.

El momento para que Taylor aparezca en Buenos Aires no podría ser más prudente. Podrá expresar el apoyo de los Estados Unidos al programa económico local y soslayar el papel antipático que a menudo le toca jugar en momentos decisivos: hasta junio, cuando se revisen de nuevo las metas comprometidas con el Fondo, el panorama está libre de tensiones. Eso no alcanza para ocultar la preocupación central del gobierno de los Estados Unidos por la lentitud con que Roberto Lavagna llevó adelante hasta ahora la negociación de la deuda pública, inquietud que este viajero expresó en público y en privado más de una vez.

La agenda de Taylor será apretada. Se entrevistará con el ministro de Economía, que esa noche viajará a Washington para asistir a reuniones con el Fondo. Los dos hablarán por enésima vez, por más que a Lavagna le incomode un poco la interlocución con alguien que, considerados los escalafones de manera estricta, no es su equivalente jerárquico. Pero John Snow, el secretario del Tesoro -es decir, el ministro de Economía de George W.

Bushno tiene entre sus dedicaciones inmediatas el seguimiento de la economía de otros países, materia que le está asignada a Taylor (su cargo se titula subsecretario para Asuntos Internacionales y lo ha abocado hace poco a las inclemencias de Afganistán e Irak). En efecto, durante la última discusión con el Fondo, Snow sólo atendió a Lavagna para comunicarle el ultimátum del Grupo de los 7 en Boca Ratón. El seguimiento diario de la negociación con Anne Krueger fue tarea del visitante del próximo miércoles. Este funcionario hace su trabajo con gran calidad, según opinan quienes lo tratan con frecuencia, ya que conoce los problemas y los datos de la economía argentina como si viviera en el microcentro porteño.

Taylor visitará también el Banco Central, seguramente con satisfacción. Sucede que en esa institución Alfonso Prat-Gay lleva adelante una gestión cuya inspiración teórica se reconocea nivel internacional, en gran medida, a este economista neoyorquino de 57 años: se trata de la política monetaria por objetivos de inflación.

Entre los funcionarios del Central son ya bastante conocidas las conversaciones de Prat-Gay con Taylor, quien observa el programa argentino como un caso exitoso de aplicación de sus teorías.

• Prestigio

El subsecretario del Tesoro tiene una larga trayectoria en el campo académico como profesor en Stanford, Princeton y Columbia. Se hizo prestigioso en el campo de los estudios monetarios, donde se incorporó a la bibliografía con su « Taylor Rule». Es la tesis según la cual la tasa de interés debe fijarse con arreglo a las tasas de inflación y de desocupación. Esa regla, cuya más amplia exposición se encuentra en los libros «Inflation, Unenployment and Monetary Policy» (MIT, 1998) y «Monetary Policy Rules» (NBER-BC, 1999), propone que la tasa de interés debe reducirse cuando se produce un desvío positivo en el nivel de desempleo o un desvío negativo en el nivel de precios; y que en caso de conflicto entre esas dos desviaciones debe optarse por una salida promediada en términos de costo del dinero.

Con este background científico, será interesante escuchar a Taylor para los economistas que se encuentren con él en el desayuno muy reservado que tiene preparado el embajador de los Estados Unidos, Lino Gutiérrez. Es que este funcionario y profesor llega a la Argentina-en un momento en que se insinúa una discusión sobre la política monetaria, a la que Lavagna ha comenzado a ubicar entre los factores principales de la recuperación económica, como afirmó el viernes pasado en una nota publicada en «The Wall Street Journal» ( generoso e inesperado homenaje del ministro al presidente del Central).

Además de las visitas a Lavagna y Prat-Gay y de ese desayuno recoleto, es posible que el visitante mantenga otros contactos en Buenos Aires. Es que en la Argentina se encuentran algunos de los amigos que hizo en su paso por Columbia, como Carlos Rodríguez -colega suyo en aquel claustro-y Miguel Kiguel, o en su gestión pública, como el ex embajador en Washington y hoy mano derecha de Eduardo Duhalde en materia internacional, Eduardo Amadeo.

Hace casi tres años que Taylor no visita el país. La última vez que lo hizo fue en 2001. En aquel momento fue sumamente prudente: defensor del tipo de cambio flotante y la política de metas de inflación, tragó saliva cuando le preguntaron sobre el futuro de la convertibilidad. Ahora será igualmente cauteloso, aunque por otros motivos. Se trata acaso del economista más expresivo de la actual administración republicana, un hombre tan identificado con la política de Bush como otros cofrades suyos en la Hoover Institution. Es el principal «think tank» del actual gobierno de Washington, en el que militan nada menos que Condoleeza Rice y Anne Krueger.

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