27 de junio 2008 - 00:00

Lo que se dice en las mesas

  
  • «Caímos en la value trap.» Así se sinceró un operador argentino en referencia a la conocida trampa de valor. Cuando se pensaba que las cotizaciones estaban baratas tras los derrumbes sucesivos, en realidad estaban caras. Y esto no sólo se aplica a los papeles argentinos, sino también a las acciones de bancos norteamericanos. Un ejemplo: un reconocido analista internacional como David Hathaway, de UBS, estuvo en enero en la Argentina. Recomendó cautela en las inversiones, pero agregó: «Lo único claro es que hay que apostar a la baja del petróleo». Subió cerca de 45% este año y ayer cerró a casi u$s 140. Lo único cierto entre operadores es que nadie sabe nada. Una aseveración casi socrática de lo que acontece y que refleja, en definitiva, que las balas pueden llegar de cualquier lado. El Dow Jones se ubicó ayer en los valores mínimos del año, pero lo más delicado siguen siendo los bancos norteamericanos. Datos que muestran recesión de la economía y al mismo tiempo otros que señalan inflación. El mercado descontaba que en tres meses había 70% de chance de que Ben Bernanke, de la Reserva Federal, subiera las tasas de interés. Al mismo tiempo, Merrill Lynch sacaba un informe en el que mencionaba que la tasa, hoy en 2%, Bernanke la iba a bajar a 1,5%. Todo para cualquier lado. Así, Estados Unidos casi muestra síntomas de argentinizarse por ese cóctel de inflación y recesión.

  • La Argentina, que ya tiene hastiados a inversores extranjeros, se desplomó más. La explicación es meramente técnica: «Tiene un alto beta», graficó un reconocido economista. Eso significa que ante cualquier variación que afecte a los mercados emergentes, los papeles locales amplifican la caída. Es casi como decir que son menos independientes en la tendencia de sus papeles. Extendiendo esta visión podría decirse que la independencia económica de un país pasa por el nivel de aislamiento que tiene de shocks externos o de su beta. Chile o México no es lo mismo que la Argentina o Ecuador ante un derrumbe en Wall Street.   

  • Fue destacado el hecho ayer de que el riesgo-país haya superado los 600 puntos. Pero en realidad el tema es más delicado. En la confección de este indicador, el JP Morgan sólo considera los títulos argentinos con legislación extranjera como el Par y el Discount. No toma en cuenta los BONAR o los BODEN emitidos en la plaza local. La Argentina, de hecho, tras el default de 2001, nunca volvió a lanzar deuda bajo legislación extranjera (porque era sujeto de embargo). Ahora bien, considerando el conjunto de títulos argentinos, que es lo que correspondería hacer, se llega a que el riesgo-país estaría en 950 puntos, equivalente a lo que sucedía en mayo de 2001. Delicado. Pero más allá de ello, lo sucedido tomó al mercado desprevenido. Justo cuando se intuía que los bonos habían alcanzado un piso, éste fue perforado. Analizando el paro del campo y la expectativa del mercado, se puede observar que en la semana los títulos domésticos no mejoraron ni un dólar en sus cotizaciones. Se anticipa así que la crisis está por resolverse y que el final está abierto a cualquier tipo de especulaciones, económicas o políticas. El Discount en dólares se operó en Nueva York a u$s 77, un mínimo histórico, casi a precios de default, y con un derrumbe de 30% en lo que va de 2008.

  • El malestar de operadores se extiende a analistas que critican toda la política oficial, inclusive la del Banco Central, que dicen: 1) La Argentina actúa a la inversa de lo que dicen los libros: en un esquema de tipo de cambio flexible, el Banco Central compra cuando está barato y vende cuando está caro. Se hizo al revés. El BCRA hace unos meses compraba a $ 3,18 y la semana pasada estuvo vendiendo a $ 3,05. 2) En un esquema de tipo de cambio flexible, la manera de enfrentar una corrida contra la moneda es subiendo el precio del dólar; en la Argentina lo bajaron. 3) Quedó demostrado que el tipo de cambio de equilibrio es más alto que el vigente en las últimas semanas (al menos en el actual contexto político); que ya llevarlo a ese nivel requirió fuertes ventas del BCRA al contado y a futuro. Hasta ahora el Banco Central siempre compraba, con lo cual no se sabía cuál era el valor piso de «equilibrio». 4) El Banco Central está entrando en una política de la cual es difícil salir: está vendiendo futuro a varios meses, con lo cual enfrentará el dilema de perder plata o dejar el dólar artificialmente bajo. Lo bueno: conscientemente o no, está aplicando una política antiiflacionaria ortodoxa: suba de tasa y menor oferta monetaria.
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