Ricardo López Murphy terminó de repasar con su futuro viceministro, Daniel Artana, los últimos puntos de un breve «paper» sobre la situación económica con la que deberá comenzar a trabajar. A media mañana, con la carpeta bajo el brazo, llegó a la sede de la Jefatura de Gabinete y dio públicamente sin mayores tecnicismos el primer diagnóstico de la situación económica ante sus colegas ministros. Luego de una breve descripción de la realidad, López Murphy pidió casi el único activo que necesitará en su gestión, además de suerte: que todas las medidas que piensa lanzar con su equipo tengan apoyo político de la Alianza. Lógicamente como corresponde a la situación tanto el ministro de Interior, Federico Storani, como la de Trabajo, Patricia Bullrich; de Desarrollo Social, Graciela Fernández Meijide; de Defensa, Horacio Jaunarena; de Educación, Hugo Juri; de Justicia, Jorge de la Rúa, y de Salud, Héctor Lombardo, juramentaron apoyo. El pedido tuvo por lo menos dentro del gabinete cierto éxito: ninguno de los ministros habló ante las radios condenando al «neoliberalismo».
Coincidencia
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El mensaje económico de López Murphy prácticamente no tuvo cifras y proyecciones, quizá para no marear a sus colegas, sino más bien fue directamente al reclamo de apoyo. El diagnóstico descripto prácticamente coincidió en todos los puntos con la nota que este diario publicó ayer con la firma de Daniel Artana, y que habla de la posibilidad concreta de que si no hay reformas profundas de corto, medio y largo plazo, la Argentina podría «no salir del estancamiento». Insistió en que las reformas estructurales de este gobierno «hasta ahora no fueron suficientes, más allá de lo que crea la clase política» y dijo que el blindaje fue «incorrectamente interpretado como la solución de los problemas económicos» cuando «en verdad fue una forma de ganar tiempo asegurando la refinanciación de las amortizaciones de la deuda pública hasta que se produjera la reactivación de la economía argentina». Aseguró luego que si no mejora la situación internacional, «habrá que profundizar las reformas».
Quizás aguardando alguna señal concreta del propio presidente Fernando de la Rúa, López Murphy evitó hablar de la situación de Pedro Pou en el Banco Central.
La reunión la condujo, como todos los martes, Chrystian Colombo, que llegó con él de la Casa de Gobierno, adonde habían tenido ya un primer encuentro con De la Rúa.
Este avala el discurso de la unificación y la disciplina detrás de un solo plan que reclama el nuevo ministro como condición para una gestión airosa del gobierno. Por eso el speech que López Murphy había pergeñado junto a Artana para debutar en el gabinete fue en realidad un anuncio de que cada ministro deberá convertirse en un ajustador del gasto. Palabras más, palabras menos, el nuevo ministro glosó la receta con la que suele consolar a quienes le preguntan, en el país o en el extranjero, cómo salir de la crisis: «Sangre, sudor y lágrimas».
En esa exposición que duró apenas media hora (los esperaba a López Murphy y Colombo en Casa de Gobierno De la Rúa con una peña de empresarios), el ministro insistió en comprometerlos a todos en que lo más importante es reducir el margen de previsibilidad del país. Tradujo eso en un pedido de apoyo a las medidas que debe tomar y les recordó que lo principal de un gabinete es que los miembros sean solidarios con la suerte de los demás.
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