5 de marzo 2001 - 00:00

López Murphy le pidió a De la Rúa que no presionen más a Pou

Ricardo López Murphy, pese a lo que alardeó ayer en público en Olivos, condicionó su asunción como ministro de Economía a que Fernando de la Rúa discipline a su gobierno y unifique el discurso bajo su autoridad para impedir que se reiteren debates como el del voto en la ONU sobre Cuba. También pidió enfriar el entusiasmo de algunos aliancistas por llevar a Domingo Cavallo al Banco Central mientras Pedro Pou está en el cargo. Para afirmar su autoridad como nuevo ministro, pidió que hoy vaya todo el equipo de Machinea al Ministerio de Economía. Les pedirá un estado de la gestión de cada área y recién después decidirá quiénes se quedan y quiénes se van.

Deliberadamente López Murphy se mostró decidido a dejar en un segundo plano la incorporación de Cavallo al Central, algo sobre lo que no promete novedades hasta dentro de diez días.

Estos reclamos fueron el eje de la larga charla que mantuvo con el Presidente al llegar ayer a la residencia de Olivos. El entonces ministro de Defensa llegó a media mañana desde París, donde estaba cuando aceptó el viernes reemplazar a José Luis Machinea. El cargo se lo ofreció De la Rúa la misma tarde cuando conoció la voluntad de Machinea de dejar el gobierno. Cuando percibió que López Murphy estaba reticente a hacerse cargo de esa función, reforzó la oferta con una misión personal que hizo en París el hermano y ministro de Justicia Jorge de la Rúa. Los dos estaban realizando una visita a Francia (L. Murphy venía de un tour con cascos azules en Chipre; J. de la Rúa explicaba ante la GAFI -ente mundial contra el lavado de dinero-el caso Pou) que terminó convirtiéndose en una etapa más de la crisis de gabinete.

Apenas entró en el chalet presidencial (lo llevó a Olivos desde Ezeiza un práctico helicóptero), López Murphy se adelantó a aceptar el cargo, pero quiso conversar sobre cómo lo iba a desempeñar. Eso le llevó la conversación a solas con el Presidente y el almuerzo que mantuvieron con Chrystian Colombo y Adalberto Rodríguez Giavarini que duró hasta la conferencia de prensa con los anuncios.

Reclamos

López Murphy desgranó sus reclamos con términos tan enérgicos que hicieron callar durante casi todo el almuerzo a los demás. Primero trazó un cuadro sobre cómo está hoy la economía del país. Lo principal es un país que tiene fama de imprevisible e incumplidor de la ley. «Por ejemplo -dijo-acá se firmó un acuerdo con gobernadores que es bueno, todos lo firmaron y lo festejaron, pero que no se ha cumplido.» En otro reproche a la herencia de Machinea se quejó de los ministros que reclaman fondos cada vez que vienen las elecciones. «Necesitamos un gobierno con credibilidad y coherencia», pidió. «En lo económico -dijo ante una sonrisa de Giavarini-eso quiere decir que si se promete determinado déficit, después no se puede. Si prometemos que el plan es para lograr el equilibro fiscal, tenemos que cumplir. Ese es el problema del país, no otro.»

«Sólo si somos severos con los compromisos, nos van a creer», remató el ministro antes de pasar a otro rango de reproches que, nadie se engañó, estaban dirigidos al estilo presidencial.

«No puede ser que en un gobierno los funcionarios no salgan a bancar a sus colegas de gabinete» en una época donde es necesario tomar medidas que exigen sacrificio y desgastan a quienes las toman.» El invitado especial a ese almuerzo agregó otra queja: «En un gobierno nadie puede hablar de lo que quiere. No puede ser que salga gente del propio equipo a decir cosas que no reflejan lo que el gobierno piensa». De la Rúa le pidió que aclarase. «El caso Cuba, por ejemplo, ese debate le ha hecho sin ninguna necesidad un enorme daño al país.» Recitó, también para alegría del canciller, detalles de lo que habían dicho Raúl Alfonsín y Federico Storani en contradicción con el Presidente y el Ministerio de Relaciones Exteriores sin beneficio alguno para la Argentina.

Condición

Estos dichos del almuerzo rebotaron por los pasillos y dieron pie a la versión de que López Murphy había puesto como condición la salida de Storani del gabinete. El nuevo ministro se ocupó de desmentirlo ante la prensa y al bajar, abrazado a Storani, le dijo al oído: «¿Quedó clarito, no?». Es cierto, sin embargo, que López Murphy les puso nombre y apellido a algunos reproches. Se trata de las oficinas que reparten fondos y sobre las que más presiona el club de los políticos en campaña. Se trata de la Subsecretaría de Municipios del cordobés Rubén Marti, la de Provincias del puntano Walter Cevallos y la de Acción Social del jujeño Gerardo Morales.

Como ese trío se postula a respectivas senadurías en sus provincias, el Presidente encontró el argumento de la incompatibilidad entre la función y la candidatura para pedir su inmediata separación. Esas oficinas pertenecen a los ministerios de Storani (Marti y Cevallo distribuyen los codiciados ATN) y Meijide (Morales administra la dádiva a los pobres), pero serán intervenidas por gente de López Murphy.

El almuerzo de De la Rúa, Colombo, López Murphy y Giavarini transcurría en esa sala VIP que es el comedor del chalet presidencial. Lo contemplaban con la ñata contra el vidrio, desde el edificio Jefatura, el resto de los ministros (salvo Storani y Graciela Fernández Meijide, que recién llegaron a Olivos pasadas las 17, para la conferencia de prensa) que almorzaban aparte, en una especie de turno consuelo.

No pudieron escuchar el reclamo más grave de López Murphy al Presidente: no empujar más a Pedro Pou en el Central. «Lo que menos nos va a ayudar es que haya olas en un tema tan delicado como el del Central. ¿Es cierto lo de Cavallo?», quiso saber el sucesor de Machinea. «Estamos conversando», musitó De la Rúa. Colombo detalló la reunión que habían mantenido él y Daniel Marx con Cavallo en la tarde del sábado: «'Mingo' está para apoyar, nos acompaña, en realidad no le hemos ofrecido nada, pero está de este lado. Si tenemos una vacante en el Central, él nos va a ayudar con su gente, o él mismo si hace falta».

López Murphy replicó: «Hay que dejar las cosas en ese estado. Lo del Central es muy delicado. No podemos quedar como que quebramos la ley de autonomía del Central. Desde afuera se nos sigue observando como que no somos buenos cumplidores de la ley. Enfriemos este tema».

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