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Un gremialista, «gordo» para más datos, fue quien entregó a Rueda a López Murphy, ya que ella parece interesada -desde que se catapultó en la central obrera-a pasar de las cuerdas a los bronces en la política como si todo en la orquesta sonara igual. Por supuesto, la dama evitó notificar a sus dos compadres de la CGT (Juan José Lingieri y Hugo Moyano) debido a que el secreto es común en la relación de hombres y mujeres y ella, a su vez, debía responderle al camionero por el recibimiento que éste le hiciera al piquetero Raúl Castells. Si el otro está con la izquierda, yo converso con el liberal. Nadie sabe, tampoco, si le avisó a su jefe natural en el gremio ( Sanidad), Carlos West Ocampo, quien ya empezó a conmoverse con los movimientos de la mujer, quien reclama cambios y renovación. ¿Acaso el mensaje es exclusivo para la CGT?
La novedad para López Murphy era entrevistar a la rama femenina de la central obrera, no a una sindicalista en particular: en los últimos tiempos, sea por determinación propia o por iniciativa de otros, se ha encontrado en más de una «cueva» con «gordos» o aspirantes a esa condición.
Lo de Macri con López Murphy fue diferente. En principio, porque la avanzada de Rueda apenas recogió un café, mientras la reunión con el boquense se realizó en el elegante aunque tradicional departamento de Felipe de la Balze, eventual comentarista dominguero del monopolio «Clarín» (viene a ser el testigo de que en el medio se practica la democracia, la derecha allí también participa, al igual que brindan espacio a un economista al que no le reprochan haber diseñado la política económica del Proceso militar ni el «Rodrigazo», mientras sí destruyen como deporte a José Alfredo Martínez de Hoz o, en ocasiones, a Celestino Rodrigo). Platos estilo Bocuse por las ínfimas porciones -¡qué otra cosa se le puede pedir a De la Balze!- y la presencia de Horacio Rodríguez Larreta (h) y Eugenio Burzaco como partners de Macri.
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