Ayer trascendieron datos oficiales sobre el comportamiento de las cuentas nacionales en los primeros meses del año. Se está verificando el siguiente fenómeno: está creciendo fuerte el ahorro doméstico, lo que, a primera vista, puede ser una señal positiva. Pero, en realidad, ello ocurre como consecuencia de una retracción del consumo y también de la inversión. ¿Qué acontece?: simplemente por la incertidumbre y desconfianza imperante, familias y empresas postergan decisiones de gasto importantes. Además, buena parte del ahorro se está fugando del sistema, ya sea por giros al exterior o porque se atesora en el «colchón». Es la consecuencia inmediata de la decisión del gobierno de Duhalde (también ahora) de postergar reformas como la del sistema financiero. Por primera vez en 10 años, el ahorro supera a la inversión. En los años de la convertibilidad, tan criticados por Roberto Lavagna y hasta por el propio Kirchner, todo el ahorro se invertía y llegaba inversión adicional vía créditos externos. Lamentablemente, en forma gradual, el país converge a lo que fue característico en los años '80, cuando el ahorro generado por la economía se traducía, en su mayor parte, en fuga de capital. En el primer trimestre, se ahorraron $ 16.230 millones. De ese monto, sólo se invirtieron $ 10.282 millones; y el resto, casi $ 6.000 millones, se fugó del país, fue al «colchón» o se utilizó para cancelar deudas.
Si bien a simple vista pareciera que con semejantes niveles de ahorro si se produjera un shock de confianza el gobierno podría, incluso sin crédito, impulsar la economía más allá de los niveles actuales, eso no es tan así.
No necesariamente todo ese ahorro ocioso fue abajo del colchón:
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