26 de noviembre 2000 - 00:00

Los militares se resisten a pasarse al sistema privado de jubilación

Los militares volvieron a plantear ante el gobierno su resistencia a ser incluidos en un sistema jubilatorio que, se quejan, los equipara exageradamente con rutinas de la vida civil.

A partir del 1 de enero regirá el nuevo sistema previsional para las Fuerzas Armadas, donde los que ingresen comenzarán a aportar a una administradora de jubilaciones y pensiones privada.

En el Ministerio de Defensa
se sigue analizando el nuevo sistema de retiros y pensiones que permitirá, por ejemplo, que quienes se jubilen antes de los 25 años -que hasta ahora perdían todos los aportes hechos durante esos años-, puedan trasladar esos fondos a otra AFJP, tal como ocurre ahora con los aportes de los soldados voluntarios.

Estatuto

Los funcionarios de esa cartera insisten en que se tenga en cuenta la situación de los uniformados, cuya permanencia bajo bandera está regida por un estatuto de derechos y obligaciones distinto al del resto de la administración pública.

Tanto que, consultados los departamentos de Personal de cada estado mayor,
se señala que desde un punto de vista exclusivamente económico, la profesión militar está sustentada en un sistema que intenta equilibrar, en un sentido de justicia, las privaciones y contingencias a las que debe estar sometido el personal en actividad, a través de algunas compensaciones en el retiro (jubilación).

Singular situación que además se repite en prácticamente todas las Fuerzas Armadas del mundo (Ver aparte) con las que los militares criollos insisten en compararse luego de décadas de sostener que era diferentes. Una cosa es jubilarse hoy con el actual sistema y otra muy distinta -dicen-a través del promedio de una AFJP.

El argumento es ahora rescatar las singularidades de la vida en la familia militar que, afirman,
requiere un tratamiento también especial de las jubilaciones. Recuerdan, por ejemplo, la disposición permanente y jura-mentada de dar su vida por la Patria, la inestabilidad de residencia, independiente de las necesidades personales.
El militar, por caso, no controla su destino profesional y debe estar dispuesto a ser desplegado a cualquier lugar del territorio o en el exterior, sin aviso previo y por tiempo indeterminado.

Esto, insisten, produce inestabilidad social y desarraigo para él y su grupo familiar (trabajo, estudios, familia, amigos).


Eliminación

También el militar puede ser eliminado de su profesión en forma automática ante falta de vacantes en el grado que tiene, por ejemplo, sin derecho a indemnización.

En ocasiones llega a mantener dos hogares cuando el destino asignado condiciona la concurrencia familiar (zonas aisladas o falta de viviendas).


Tampoco recibe pago de horas extras ni bonificaciones, con la obligación de prestar servicios de Armas (guardias, semana, retenes), por períodos que van de un día a una semana, sin compensación económica adicional.


Asimismo tienen un régimen de dedicación exclusiva a la tarea, no participan de la vida política y en ocasiones ni siquiera el derecho a votar, cuando es parte del control electoral en una jurisdicción distinta a la de su domicilio.

También puede ser convocado al servicio activo estando retirado y está obligado a aceptarlo.

De abandonarse este sistema de equilibrio, igualando a todos los ciudadanos a través de un proyecto inédito (sería único en el mundo), el interrogante que se hacen es
si se estará pensando en cambiar leyes y reglamentos castrenses, garantizando la seguridad del Estado a través de militares «part time» y con pagos adicionales extras.

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