Los ojos en Alan Greenspan
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P.: En dos semanas tenemos la última reunión del año de la Reserva Federal. ¿Habrá novedades? ¿Veremos un cambio de sesgo? ¿O una baja de tasas?
G.G.: Una modificación del sesgo de la política monetaria. De alcista a neutral. Ese es el mensaje. O sea el paso previo a una baja de tasas; la que podría decidirse -si hiciera faltaen la primera reunión de 2001. En enero.
P.: La economía pierde vigor pero no hay urgencias.
G.G.: Si el informe de empleo que se difunde este viernes refleja un deterioro acelerado en las condiciones del mercado de trabajo -situación que se podría inferir tras la última lectura de los pedidos de subsidios por desempleo-, entonces uno podría argumentar a favor de la conveniencia de una decisión más rápida. En caso contrario, creo que no hay apuro.
P.: Haga un listado de los últimos indicadores económicos. NAPM, confianza del consumidor, indicadores líderes, bienes durables, venta de casas nuevas. Todos invariablemente- entraron en una pendiente negativa.
G.G.: No hay dudas. La economía revela -de manera inconfundible-los efectos del apretón monetario. Pero ese era el objetivo de la Reserva Federal. Sabemos ahora que la dosis resultó suficiente. Como sucede con toda medicina de acción retardada, lo que debemos calibrar es si no deviene excesiva.
P.: ¿Cómo saberlo?
P.: ¿Por qué?
P.: Casi todo el daño que uno observa se concentra en el mercado de capitales.
G.G.: Correcto. Y aun en el mercado de capitales hay una clara segmentación entre lo que se repunta como bueno o barato o lo que se califica como de baja calidad o muy oneroso. No es una caída libre sino un proceso de selección, de discernimiento, pero con inversores dispuestos a permanecer expuestos a los vaivenes de la Bolsa. Desde este punto de vista, la política monetaria tampoco luce como excesivamente rígida.
P.: Pese a ello, Alan Greenspan prefiere conceder un gesto amigable.
G.G.: No cuesta nada. Es tirar una amarra para levantar el sentimiento en Wall Street. Mejor ahora antes de que sea demasiado tarde.
P.: ¿Se abre una nueva etapa en Wall Street?
G.G.: El NASDAQ cayó en marzo, abril y mayo, 40% desde los máximos. Pero repuntó con fuerza en junio, julio y agosto. Después, otra vez sopa. Todo setiembre, octubre y noviembre. El leverage era mucho menor pero la baja condujo a niveles aun más bajos. Llegamos a un NASDAQ a mitad de precio respecto del que cotizaba el 10 de marzo. No veo razones para que no tengamos una recuperación. Que debería ser robusta bajo el paraguas protector de la Fed.
P.: En 1998 Wall Street se encontró bajo la amenaza de un crac después del inesperado default ruso. Greenspan acudió al rescate -con tres bajas consecutivas de tasas-y rescató a la Bolsa de la encrucijada. ¿Piensa en una repetición?
G.G.: No realmente. Ni Greenspan tiene urgencia, ni la economía crece a un ritmo de 6% como en el cuarto trimestre de 1998. Pero sobre todo el inversor cambió. Sabe que se puede perder dinero. Períodos de tres meses consecutivos en baja -aunque no lo crea-no habían sucedido en el NASDAQ nunca desde agosto-octubre de 1990. Ahora, el inversor norteamericano vivió dos en un año. Creyó estar inmunizado, que las acciones tecnológicas eran independientes del ciclo económico, una nueva era... Son descubrimientos fuertes. Suelen dejar secuela.
P.: Recuerdo que usted señalaba que cuando la Fed comienza un proceso de suba de tasas, difícilmente consista en un único movimiento. Cuando la Fed las recorta tampoco será una operación aislada.
G.G.: No lo es. Hubo tres bajas después de octubre '87. Tres bajas después de Rusia en Octubre '98. Tres bajas también a partir de mediados de 1995, cuando la Fed revirtió la fuerte suba de 300 puntos básicos iniciada en febrero de 1994.
P.: Tres es el número mágico.
G.G.: Si la economía se les cae de las manos -lo que indudablemente sería una mala noticia-, la buena noticia es que las bajas serán mucho más que tres. Como respuesta a la última recesión ('90-'91), la Fed recortó 27 veces las tasas. Pero el caso a tener presente es el de 1995. La Fed subió las tasas de 3% a 6% entre febrero de 1994 y febrero de 1995. En junio bajó las tasas por primera vez. Recién en diciembre produjo la segunda merma y en enero de 1996 (cuando parecía que la economía se desplomaba) apresuró la tercera. No hubo tiempo para una cuarta porque los indicadores se dieron vuelta y con mucha fuerza. Hoy por hoy creo que es el único caso que uno podría llamar con propiedad una experiencia exitosa de «aterrizaje suave»...



