7 de agosto 2007 - 00:00

Mal gusto

El comentario de un allegado a las víctimas del atentado contra la AMIA fue suficiente para que Hugo Chávez exhibiera su mal disimulado disgusto hacia los judíos. «Yo le digo a Jesús: perdónalos, no saben lo que dicen.» El ataque de Chávez fue casi fantasma: la DAIA (que representa a la comunidad judía) nunca se pronunció en contra de su visita. «No nos corresponde», dijeron allí. Igual, Chávez aconsejó a los ciudadanos argentinos de fe judía: «No se enojen; es malo para la salud». Bien saben los judíos venezolanos qué peligros para la salud acarrea este chavismo íntimo amigo de Irán.

Jugueteó Hugo Chávez con el atuendo de los Kirchner enCasa de Gobierno: primero, del rojo rabioso de la primeradama (en pendant con el de la embajadora Alicia Castro).Después, del torpe aliño indumentario del Presidente, siemprecon saco cruzado pero desabotonado.
Jugueteó Hugo Chávez con el atuendo de los Kirchner en Casa de Gobierno: primero, del rojo rabioso de la primera dama (en pendant con el de la embajadora Alicia Castro). Después, del torpe aliño indumentario del Presidente, siempre con saco cruzado pero desabotonado.
«Que no se pongan bravos; enojarse es malo para la salud; allá ellos...» Las palabras que pronunció Hugo Chávez ayer en Casa de Gobierno en relación con el presunto enojo de la comunidad judía argentina por su visita a la Argentina. Sin embargo, dirigentes de esa comunidad negaron algún supuesto enojo y reivindicaron el derecho del gobierno argentino a recibir al presidente de un país con el que se tienen relaciones diplomáticas y comerciales.

Tampoco vieron una velada amenaza en alusión a «lo malo para la salud» que es enojarse. En cambio, se mostraron preocupados ante el anuncio de que la rusa Kalashnikov comenzará a fabricar sus celebérrimos rifles de asalto en territorio venezolano: después de todo, el AK-47 es el arma preferida de los grupos terroristas que actúan en Medio Oriente y forma parte de la bandera del movimiento Hizbollah, acusado por la Justicia argentina de ejecutar el atentadocontra la AMIA.

Sin embargo, la respuesta del bolivariano a cuestionamientos que salieron en realidad de boca del esposo de una de las víctimas de ese atentado terrorista están en línea con las duras condiciones de vida que impuso a la comunidad judía de su país, y -en simetría con esto- su creciente «amistad» con el régimen islamista de Irán.

«Nosotros no tenemos por qué oponernos a la visita de Chávez, simplemente porque no entra dentro de nuestras funciones y competencia. Se trata del presidente de un país extranjero que viene a cerrar acuerdos económicos con el gobierno argentino», dijo a este diario Angel Schindel, vicepresidente de la DAIA. «Esto no obsta para que permanentemente hayamos observado con preocupación por sus consecuencias para la región el vínculo que mantiene Venezuela con Irán.»

  • Preocupación

    En términos casi idénticos se manifestó Sergio Wiedder, representante para América latina del Centro Simon Wiesenthal. El dirigente repitió: «No nos merece objeción alguna que la Argentina haga negocios con Venezuela», pero agregó: «Lo que sí nos preocupa es que Chávez haya querido influir en la política interna argentina, como cuando le ordenó -a través de su embajador en Buenos Airesal entonces funcionario Luis D'Elía que impidiera una manifestación ante la Embajada de Irán, país acusado por la Justicia argentina de haber organizado el atentado contra la AMIA».

    En realidad, el encontronazo que nunca existió fue generado por Sergio Burstein, uno de los miembros del grupo Familiares y Amigos de las Víctimas del Atentado contra la AMIA, una asociación de libérrimos vínculos entre sus integrantes, que se enorgullecen en aclarar que sólo se representan a sí mismos y a sus muertos en el ataque terrorista.
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