Por Ariadna Somoza Zanuy y Esteban Ackerman, integrantes del Grupo de Estudio de Economía Nacional y Popular (GEENaP).-
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La publicación del índice de febrero del IPC-Nu ha reactivado el debate que suscita, desde ya hace algunos años, la variación de precios de nuestro país. Que la ortodoxia vuelva con las mismas recetas de siempre (reducir salarios, gasto público y emisión monetaria) no merece mayor análisis. Ya sabemos: tienen razón, así se reduce la inflación pero con un costo social elevado y el objetivo central del gobierno, por decisión política, es que ello no suceda. Proponen la paz de los cementerios. El gobierno que conduce la presidenta, como ella misma lo indicó, es un proyecto político (que se basa en la inclusión social) y no un modelo económico, el objetivo es mejorar condiciones de vida de las mayorías y no variables abstractas.
El nivel de variación de precios de los dos primeros meses del año es indudablemente importante. Sin embargo, los mismos que recomiendan destruir los ingresos de los sectores populares son los que hacen pirotecnia con los números del INDEC con el objetivo de generar expectativas negativas. Como el IPC-NU dio 3,7% en enero, decidieron que ese número había que multiplicarlo por 12 para saber cuál sería la inflación anual, que bajo ese razonamiento llegaría a un 44,4%.
Ahora resulta que el número de febrero fue 3,4%. Siguiendo su lógica, habrá una desaceleración equivalente al 0,3% mensual. Con estos datos, hacia fin de año eliminaríamos la inflación y el 2015 ya tendríamos deflación (caída nominal de los precios). O, si quieren, la variación de precios se desaceleró en un 8,1%, con lo cual, hacia fin de año, tendríamos menos de 1% mensual y a fines de 2015 menos del 0,2%.
Desde ya que estas cuentas son tan insólitas, rebuscadas e inconsistentes como aquellas que fueron repetidas por muchos medios de comunicación y economistas que se guían principalmente por sus deseos. O como los desvaríos de múltiples mediciones publicadas o anunciadas irresponsablemente en los últimos tiempos, que contribuyen a deteriorar las expectativas y fomentar preocupación e incertidumbre en la población.
Pero como la estrategia descripta fue desarticulada por la realidad en muy corto plazo (sólo un mes) deberán adoptar otra, que ya empezaron a esbozar. Ante una desaceleración considerable del movimiento de los precios, intentarán desprestigiar el nuevo índice. Nada que no se compatibilice con sus deseos de caos y descontrol reflejará, para esos sectores, la realidad del país.
Lo que realmente preocupa en ciertos ámbitos del establishment es observar una voluntad por parte del Estado de empezar a regular la tasa de ganancia. Vieron cómo distintas políticas económicas del gobierno fueron efectivas, muy a su pesar. Un ejemplo de ello fue el freno al intento de la corrida cambiaria de enero. El mismo jugó con las expectativas y muchos sectores aumentaron los precios "por las dudas", creyendo que no se iba a poder frenar la escalada del dólar, acostumbrados quizá a gobiernos entreguistas frente a las corporaciones.
Otra política acertada y que está cumpliendo sus objetivos es el programa Precios Cuidados. A pesar de la definición que tienen las grandes cadenas de supermercados de no respetarlo o, al menos, hacerle la vida imposible al consumidor, el plan viene funcionando y logró algo importante: instalar precios de referencia, cuando unos pocos quieren generar caos para que no se sepa a qué valor realmente tendría que estar determinado producto. Además, logró algo de similar o mayor importancia: la población entera está al tanto del programa, se involucró y se logró visibilizar la realidad de quiénes son los que realmente forman los precios, a través de qué mecanismos, con qué objetivos y cuál es su sutil forma de robarle al trabajador. A pesar del circo mediático que pregona que "el gobierno tiene la culpa de la inflación", se logró desenmascarar a los grupos económicos a fuerza de gestión estatal y militancia política.
Lo importante a destacar es que, al fin de cuentas, y mas allá de los índices, la definición política del gobierno nacional de cuidar el bolsillo de los trabajadores y atacar a los especuladores, formadores de precios y grupos concentrados, está más firme que nunca, que dispone de las herramientas de política económica necesarias para hacerla realidad y que, como se viene demostrando, están siendo eficaces. Esto sin dudas afecta y mortifica a los privilegiados que todavía quedan en el país y que buscan horadar las políticas de inclusión social que se vienen ejecutando desde el 2003.
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