A fines de la década del '90, el consumo de automóviles particulares (excluyendo los comerciales livianos y pesados) mostró un importante repunte en las unidades diesel vendidas, pese a la preponderancia en el mercado de los vehículos a nafta.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
La tendencia alcanzó su punto máximo un año después de la salida de la convertibilidad, cuando los diesel llegaron a cubrir casi un 36% de las ventas totales, mientras que esta proporción llegaba al 11% en 1993.
No obstante, a partir de la recuperación de la crisis el incremento de las ventas de automóviles nafteros fue ampliamente superior, llegando a alcanzar un crecimiento interanual del 35%, mientras que los vehículos diesel sólo crecieron 4%.
Así, según lo destaca un informe de Abeceb.com, desde 2002 las ventas de los primeros aumentaron en total un 938% mientras que la de los segundos sólo lo hicieron en un 36%.
Además, la consultora estima que este año la divergencia entre ambos parece acrecentarse. Lejos del máximo alcanzado en el 2002, los vehículos diesel cubrirían solamente un 7% de las ventas del mercado automotor para particulares, contra un 93% de los automóviles impulsados a nafta. Una leve variación respecto al cierre del año pasado, cuando los vehículos a gasoil vendidos representaron el 8% y los nafteros 92%.