En 2015 Cristina Kirchner le dejó un gran activo a Macri, que no solo supo aprovechar sino que en realidad hizo un uso exagerado: un bajo nivel de endeudamiento. Gracias a eso Macri logró atravesar los dos primeros años de gestión. Hasta que en 2018 sobrevino un nuevo “sudden stop” y los flujos de capitales externos que financiaban el “gradualismo” de Cambiemos dejaron de hacerlo y detonó el colpaso (déficits gemelos -fiscal y externo- de 11% del PBI) que llevó al país, nuevamente, al Fondo Monetario.
Ahora bien, un análisis objetivo de la situación macroeconómica permite sostener que el próximo Gobierno no heredará ni una economía de “tierra arrasada” ni una “preparada y lista para despegar”.
Sin duda el contexto económico y social no es para nada envidiable. Todo lo contrario. Hay riesgos financieros (deuda y crédito), hay desafíos macro (inflación y recesión) y existen enormes problemas sociales (desempleo y pobreza). Sin embargo, hay algunos aspectos a destacar, que si son bien aprovechados por la nueva administración serán un buen punto de partida para ir resolviendo, en parte, los desafíos y problemas heredados. Como señala uno de los más influentes economistas del ámbito local, el cóctel de devaluación, recesión y licuación inflacionaria fue acomodando “a los golpes” cosas como el nivel del tipo de cambio real (más lógico), un menor déficit fiscal (con intereses más altos) y un menor retraso tarifario (salvo en transporte). Este economista concluye que la economía no está “acomodada” para arrancar (como la de Néstor Kirchner en 2003) ni está totalmente desequilibrada (a la Macri en 2015); sino que está en medio de una crisis todavía no resuelta.
Entre lo mejor que deja Macri puede resumirse en:
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