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6 de marzo 2007 - 00:00

''Me voy. Así no se puede seguir''

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«Quiero hablar del sucesor de Jorge Sarghini,de Gerardo Otero, nuestro querido pelado de Trenque Lauquen. El también elige el bajo perfil, parece que es una condición de los hombres del equipo económico, que además son coherentes y sólidos.» La frase de Felipe Solá puso incómodo al ahora saliente titular de Hacienda aquel 20 de febrero de 2002 en el Salón Dorado de la Gobernación. No era para menos: en plena crisis económica nacional, la provincia de Buenos Aires naufragaba en un mar de patacones puestos en marcha por Carlos Ruckauf y las finanzas públicas alcanzaban un rojo irremontable. Entre la espada y la pared había quedado este economista especializado en cuentas públicas provinciales y municipales, una característica que lo catapultó, incluso, como asesor de la Subsecretaría de Presupuesto del Ministerio de Economía de la Nación en 1989 y de la Convencional Constituyente de 1994.

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Pero nada parecido a lo que el combativo frente gremial y la arena política bonaerense le asestaron como desafío una vez que aceptó tomar las riendas económicas de la mayor provincia del país.

«Gerardo, éste es tu momento,ésta es tu hora y necesitamos que te quedes», le dijo Sarghini casi como una rogativa mientras abandonaba su despacho en La Plata para mudarse, por pedido de su jefe político, el entonces presidente Eduardo Duhalde, a la Secretaría de Hacienda de la Nación, primero, y a la Cámara de Diputados, después.

¿Pero cuál era la traba para aceptar el desafío? Nada más ni nada menos que el entorno político, sembrado entonces de reacomodamientos y concesiones atados idefectiblemente a los vaivenes de Balcarce 50.

  • Advertencia

  • «Jorge, decime cómo acomodamos este berenjenal si nos falta apoyo de Nación. Porque ahora está Duhalde, ¿pero y lo que se viene?», le advirtió a su antiguo jefe como anticipo de lo que ayer, finalmente, terminó expulsándolo del ministerio.

    Pero el trenquelauquense no tuvo más remedio que aceptar ese legado: «Sí, ya me convencí, voy a ser el ministro», transmitió. «Gracias, Gerardo», le dijo Solá. «Para mí es un orgullo que seas el ministro, con vos también me voy a entender con la mirada.»

    Los que vinieron fueron tiempos de considerable mejoría para las finanzas de Buenos Aires, que al compás nacional experimentó una recuperación solventada, fundamentalmente, en la suba de la recaudación que llegó con el plan que implementó Otero a través del polémico Santiago Montoya, uno de los nombres que primero sonó ayer como su reemplazante.

    Aquel «idilio», cuentan sus colaboradores, «se mantuvo en perfecta sintonía hasta que Solá se tuvo que bajar de la reelección. Ahí se incrementaron las presiones de Nación y los desencuentros». Se refiere a una suma de factores: sucesivas presiones gremiales, aumentos a estatales, falta de respaldo financiero nacional ( coparticipación), choques en la Legislatura para la aprobación de leyes clave para incrementar la recaudación y un déficit fiscal que promete escalar este año a $ 1.600 millones, sin tener en cuenta los nuevos aumentos salariales que obligará el año electoral.

    Ayer, finalmente, medianteun llamado al teléfono del gobernador, Otero recreó en negativo la frase de su asunción: «Me voy, ya lo decidí. Así no se puede seguir». Lo mismo planteó más tarde ante su equipo de colaboradores en La Plata. Queda claro: para algunas cosas, no alcanza con entenderse sólo con la mirada.

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