Ante la baja aceptación que consiguió en su propuesta de canje de deuda, la provincia de Mendoza reabrirá la posibilidad de aceptar la reestructuración a todos los bonistas que quedaron afuera. De esta forma, el gobierno provincial procura aumentar sustancialmente el grado de aceptación (llegó a sólo 64%) y reducir los potenciales juicios de los acreedores que no aceptaron.
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El ministro de Hacienda provincial, Alejandro Gallegos, manifestó ayer sentirse «satisfecho» por los resultados de la oferta que finalizó el viernes, aunque reconoció que la aspiración es que «termine ingresando 100%».
Por lo pronto, la posibilidad de que los bonistas acepten el canje estará abierta en principio por tiempo indefinido. Así se busca que muchos de los que no entraron terminen haciéndolo ante la evidencia de que se les complica cobrar el bono no reestructurado. El canje del bono Aconcagua finalizó el viernes a las apuradas. Fue, en realidad, un consejo de los asesores legales de la provincia (el buffet de abogados neoyorquinos Cleary, Gottlieb, Steen & Hamilton) para evitar nuevas trabas en la operación, como venía ocurriendo en las últimas semanas. Según aclararon fuentes del gobierno, para los bonistas que quedaron afuera y ahora se arrepientan, las condiciones serán levemente más duras: la tasa de los intereses vencidos no se calculará a 10%, sino a 5,5% anual. Se trata de la tasa que tendrá el nuevo título ya reestructurado.
Pero en Nueva York aseguran que serán muy pocos los que aceptarán esta apertura de Mendoza. «No cambió absolutamente nada, y la provincia se negó a negociar. Se van a continuar los juicios, y hay otros fondos de inversión pensando en hacer lo mismo», señalaron desde Wall Street.
Tanto el fondo Greylocke como un colegio religioso judío, que lograron trabar momentáneamente la reestructuración, ahora continuarán con sus demandas. Y no se descarta que otros inversores también inicien acciones legales. Una posibilidad que barajan los bonistas es solicitar la «aceleración» de los bonos en default que no ingresaron en la reestructuración. Esto significa que se exige el pago total de la deuda que vencía en 2007, pero de manera inmediata. Para ello, es preciso conseguir un piso de 25% de acreedores, el cual se estaría cerca de lograr. El bono Aconcagua fue reestructurado y vencerá en vez del año 2007 en 2018. Además, se redujo sustancialmente la tasa a 5,5% anual.
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