En lo esencial, la primera rueda de la semana no resultó demasiado diferente de lo visto en la anterior, ni en toda la semana previa. Es decir, bajo volumen (aun para la estación veraniega) y precios llamativos por la baja volatilidad. Lo curioso -si se quiere- es que el arranque de la sesión fue "toda máquina". Es cierto que los argumentos para explicar la suba no fueron de los mejores: apenas una modesta caída en el precio del petróleo (0,2%), un par de fusiones (la petrolera china CNPC adquirió a PetroKazakhastan en u$s 4.200 millones y la farmacéutica OSI a su rival Eyetech en u$s 935 millones), el buen balance de Heinz (la única Blue Chip que difundió ayer su estado contable), la ausencia de datos de macro y el hecho que la que acaba de terminar marcó la mayor baja semanal del S&P 500 en dos meses (por lo que alguien aducía que "se viene un rebote"). Aun así, minutos después de las diez de la mañana el Promedio Industrial alcanzaba a trepar 0,78% y el NASDAQ, 0,76%. Claro que, a partir de ahí, las cosas comenzaron a ponerse más en blanco sobre negro y los tres grandes indicadores del mercado bursátil comenzaron a perder posiciones, de manera tal que para el mediodía entraban en territorio perdedor. Alguien adujo que el repunte del petróleo (rozó los u$s 66, pero cerró en u$s 65,45 por barril, una suba despreciable de 0,15%) y/o la suba de la tasa a 10 años (quedó en 4,215% anual, reflejando en parte el retroceso del dólar a 109,65 yenes y u$s 1,2231 por euro) eran lo que disparaba el cambio de ánimos. Al final, el Dow trepó a 0,1%: 10.569,89 puntos.
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