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25 de octubre 2006 - 00:00

Miceli: estrella del día en su pugna con Moreno

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Volaba ayer Néstor Kirchner con el dolor de cabeza que le produjeron los titulares anunciando el aumento de tarifas de las prepagas. Ni siquiera apeló a Guillermo Moreno, el comisario de precios, para que saliera a desmentir la novedad del sector privado y al mismo tiempo anticipara medidas legales (por lo menos) para impedir esa suba. Más bien lo puenteó y colocó a la ministra Felisa Miceli en esa función, en el centro del escenario. La funcionaria cumplió a pie juntillas la orden, amenazante inclusive, pero tal vez satisfecha por ocupar un espacio que el secretario de Comercio -hombre de Julio De Vido, pero funcional a las instrucciones telefónicas del mandatario desde que se instaló en el cargo- le viene arrebatando hace tiempo. Siempre hay una interna, en los buenos y en los malos momentos.

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Es que gritar por la inesperada decisión de los empresarios de la salud, alegar que se estaba negociando, implicaba también el reconocimiento de una falta: la cámara médica procedió de acuerdo con los términos legales que los obligaba a anunciar, con 90 días de anticipación, la medida de suba. Y ese detalle, por supuesto, lo habían anunciado en Comercio, aunque esa excusa jurídica, como es de imaginar, no figura en ciertos despachos oficiales. Aun así, el pase de la posta de los precios a Miceli, ayer, constituyó una suerte de aval para quien cela de Moreno y al que le atribuye la intención de pretender ocupar su ministerio en un futuro próximo.

Si aprobó el examen beligerante la ministra, por un rato también se aliviará de sus propios temores con acechanzas presuntas de sus propios compañeros de equipo. Como el malestar que revela con Alfredo McLoughlin, no demasiado respetuoso en apariencia de la idoneidad de la ministra, o con las limitaciones que le impuso a Beatriz Nofal, la recién llegada al área de Inversiones, quien reconoce que le han dado despacho, pero no le asignan colaboradores ni le conceden demasiada atención (como se sabe, Miceli no disfrutó con ese nombramiento). Pero el protagonismo de la ministra, ayer, tuvo su plenitud porque en un solo movimiento y gracias a las órdenes de Kirchner, superó en varios casilleros a Moreno y al menos opacó la influencia de De Vido.

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