Café para pocos: la cadena Nespresso, subsidiaria de Nestlé -la mayor alimentaria del mundo- abrirá en 10 días su primer (¿y único?) local en la Argentina en Recoleta. Allí venderán máquinas para preparar «espresso» en el hogar a valores que arrancan en los u$s 350 y cápsulas para preparar la infusión a $ 2 la unidad. Como se ve, se trata de un producto segmentado al nivel más alto de la escala socioeconómica, lo que no parece arredrar a sus ejecutivos. «Detectamos que hay un sector en la Argentina al que le gusta el café gourmet, que sabe distinguir entre un grano brasileño, uno africano y uno colombiano», dice Max Kerschen, «country manager» de Nespresso.
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La cadena fue fundada hace 20 años y hoy tiene locales (uno por ciudad, por lo general) básicamente en Europa. «En estos días estamos abriendo casi simultáneamente en Nueva York, San Pablo y Buenos Aires», dice Michelle Quiliconi, gerenta regional de marketing.
La firma facturará u$s 850 millones en 2006 y está creciendo «a razón de 30% anual», dice la ejecutiva. En sus locales «sólo se venden máquinas, café y accesorios. También unas tabletas de chocolate suizo top of the line, y no se sirve café al público. Tampoco se prevé sinergia con otros productos de Nestlé», revela Kerschen. La curiosidad es que «hay 50 argentinos que se trajeron máquinas de sus viajes al exterior, y compran por 'courier' las cápsulas. Ahora, los abasteceremos desde nuestro local en Quintana», cierra Quiliconi.