Wall Street quiere saber más: ¿un cuarto, doble dosis o suspensión por mal tiempo? Se trata, de todos modos, de una cirugía (menor) programada, no una emergencia. La economía goza de buena salud, pero el mercado laboral puede estar cerca del resfrío.
Wall Street quiere saber más. Aunque no obedece un mandato de pleno empleo.
NYSE
En Jackson Hole, Jay Powell avisó que la FED levantó sus objeciones para iniciar la demorada baja de tasas. Pero Wall Street quiere saber más. ¿Empezará con la medida estándar de un cuarto de punto? ¿O preferirá inyectar una doble dosis? ¿Se suspende por mal tiempo de último momento? La decisión no está escrita. La FED, primero, agotará el examen de toda la data disponible al 18 de septiembre (por eso rechazó la moción de algunos de sus miembros de gatillar en julio). Ninguna de las tres alternativas está descartada a priori. Dicen Bostic y Barkin, dos presidentes de distrito, que se precisa más información -o un poco menos de inflación- para justificar la poda.
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Sin embargo, los futuros de fed funds no tienen dudas. La entidad, llueva o truene, recortará las tasas. Después de conocer los últimos indicadores de inflación, ingresos y consumo, un cuarto de punto emerge como la dosis más probable (70%). Sin embargo, la posibilidad de debutar con medio punto (30%) no es desdeñable (y tres veces más alta que un mes atrás). Eso sí, nadie vaticina un zarpazo de tres cuartos de punto como pidió el profesor Jeremy Siegel de Wharton, el 5 de agosto, en la agitación del lunes negro. Esto es cirugía (menor) programada, no una emergencia. Y susceptible de repetición una o dos veces si es necesario antes que termine el año.
La inflación dejó de ser el impedimento para avanzar, aunque no se cumpla la meta de 2%. Su aterrizaje suave -después de una turbulencia imprevista en el primer trimestre- se confirmó en julio. Y esa deriva -con tasas de interés nominales estables desde julio de 2023- tensa las tasas reales en demasía. El deflactor del consumo -la vara del banco central para evaluar su política- trepó 0,2% (lo mismo que los precios al consumidor). La inflación de los últimos doce meses se mantuvo en 2,5% (la versión núcleo, 2,6%). Es una décima inferior que la proyección oficial para fin de año. Y no hay urgencia por empardar la meta. De hecho, la FED no lo proyecta antes de 2026. Al reunirse el próximo 18, se contará con la inflación minorista de agosto para definir mejor la sintonía fina. Nada sugiere que sea muy distinto de lo visto en junio y julio. Y los tres últimos meses, anualizados, ya están por debajo de la meta de 2%.
Inflación, actividad y condiciones laborales
La inflación no es un obstáculo para la baja de tasas. La salud de la economía no es tampoco una razón para apresurarla. Entre abril y junio, el PBI creció 3% y no 2,8% como apuntó el cálculo original. El pulso del consumo privado fue revisado de 2,3% a 2,9%. Cuando la FED hizo sus últimas estimaciones pensó un crecimiento de 2,1% para todo 2024. ¿Será que pisó el freno en julio? No. Al contrario. El consumo -la parte del león de la demanda agregada- aceleró de nuevo (con un salto fortísimo de su componente discrecional). El pronóstico en tiempo real (de la FED de Atlanta) para el tercer trimestre dio un brinco por su culpa. Pasó de 2% a 2,5%. Y el consumo se disparó de 3% a 3,8%. Un poco de sosiego es esperable. La marcha del ingreso disponible queda cada vez más a la zaga. ¿Necesita Powell empezar a recortar las tasas con esta ebullición? No son pocos los que dicen que no con el veterano Ed Yardeni a la cabeza.
No es por la economía, ni por la recesión que detecta la regla de Sahm y la realidad no corrobora. La baja de tasas comenzará en tres semanas ante el enfriamiento progresivo de las condiciones laborales. Powell dijo que no va a admitir que se profundice. Y si así ocurrió en agosto, un recorte de medio punto estará en discusión. La inflación fue la prioridad absoluta en 2022 cuando la FED encaró su anterior pivote. Ahora incomoda la otra faceta de su mandato dual, la preservación del pleno empleo. Y Powell no quiere dejar que crezca ninguna amenaza.
Wall Street: las acciones del montón empujan el carro
La economía goza de buena salud, pero el mercado laboral puede estar cerca del resfrío. Wall Street no obedece un mandato de pleno empleo. No ajustará y menos si puede cobrar el bonus de la productividad. Hizo los temores a un lado. Y sin euforia retomó la agenda que más le interesa desde julio 11 (cuando la inflación de junio anticipó los próximos pasos de la FED).
La Bolsa se independizó de las siete acciones magníficas. Nvidia cae por minucias de su balance (y la exuberancia de su valuación) y ahora es solo su problema. No arrastra a nadie más. La poda de tasas al alcance de la mano lo torna posible. Las acciones del montón son las que empujan del carro. Las siete magníficas (Nvidia, Apple, Amazon, Meta, Alphabet, Microsoft y Tesla) van detrás, ya no dictan la dirección del S&P 500. Desde julio 11, cayeron 4%. Las 493 acciones restantes de la canasta escalaron 10%. El mercado bull aumenta su base de sustentación y cubre su talón de Aquiles más evidente. Avanza, pero más que escalar, se ensancha. Cuando embista de nuevo, y sea un frente de ofensiva compacto con utilidades crecientes, lucirá todavía más formidable.
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