10 de enero 2018 - 11:55

Ni tasa ni dólar: es la macro el problema

Ni tasa ni dólar: es la macro el problema
Por Arnaldo Bocco.- (*)

La decisión del directorio del Banco Central de enviar un mensaje fuerte reduciendo levemente la tasa de referencia en 28% es una prueba de la pobre lectura de los analistas sobre la salud de su presidente Federico Sturzenegger. La semana previa había comenzado con un mandato de la Jefatura de Gabinete y los Ministerios de Hacienda y Finanzas destinado a ampliar las metas de inflación en un 50%, decisión que tomó por sorpresa a buena parte de los agentes económicos y en especial generó un pataleo más privado que público en los mercados. Es que esa decisión ponía en tela de juicio el normal funcionamiento de uno de los grandes problemas que genera una tasa alta para financiar a un mercado de bienes y servicios planchado y sin ingreso de inversiones del exterior. Punto.

Esta semana ganó el BCRA y seguramente la escalada del dólar que había mostrado los dientes ante la posibilidad que bajaran las tasas se disipó. Pero la licitación de Lebac será la semana próxima y volverá a jugarse el futuro de la "independencia del BCRA". En realidad pesa hoy verdaderamente la falta de coordinación macroeconómica entre el Gobierno y el BCRA, y entre ambos y los agentes económicos no financieros, que son los que se sienten afectados por los mensajes contradictorios de la macroeconomía. Convengamos que no son pocos.

Esto lleva a un reduccionismo maldito: si la tasa es alta no hay recuperación de la economía real en un sistema de metas de inflación ridículo donde el crédito al sector privado pesó entre 12 y 13% del PBI, cuando en cualquiera de nuestros vecinos ese indicador vuela entre 55/85% del producto. La segunda ridiculez es que si el Central bajara las tasas, los ahorros se van a dólares y el tipo de cambio volaría por la incertidumbre política que la decisión financiera podría generar sobre ahorristas espantados. Eso empujará la inflación y las discusiones de paritarias puede tener una relevancia inesperada cuando el Gobierno quiere discutir el régimen laboral y bajar salarios en dólares al mismo tiempo (con tipo de cambio planchado). Ergo, en 2018, la inflación será del 22 o 23 % y no del 15%.

Ambos aspectos llaman a mirar las cosas con más cuidado. El Gobierno encaró un programa para bajar la inflación "heredada" y el primer año, 2016, la duplicó, mientras que en el segundo, 2017, la colocó por arriba de la tasa existente en el IPC, cuando ocupó las oficinas de Balcarce 50 en diciembre de 2015. Segundo, hay un poderoso déficit fiscal financiado con una emisión de deuda externa o local dolarizada que nos llevó al desafortunado lugar de ser la economía emergente que hace más de un año es la mayor emisora de deuda del planeta, y con una de las tasas más altas. El déficit no baja y ahora, al final de 2017, tenemos un invitado más incómodo, el déficit comercial externo.

Dicho sencillamente, la Argentina exporta menos de lo que importa y no genera las reservas necesarias para encarar la amortización de la deuda y sus servicios (que hoy sólo en intereses para este año y el próximo orillaran los u$s 10 mil millones anuales). Es el gran problema por el cual el FMI sugirió en su última misión dejar que flote el tipo de cambio, una decisión anticipada que debe mirarse con más cuidado que fanatismo ya que la Argentina, más tarde o más temprano, deberá encarar ese problema, le guste o no al presidente Macri.

Está claro que la semana próxima con el Presidente y sus funcionarios en Davos no es previsible que ocurra un desajuste cambiario y el BCRA seguirá mandando cuando su titular, antes del World Economic Forum, pase por Basilea y participe de la hermética reunión de jefes de bancos centrales del mundo y deba hablar en la intimidad cerrada de su Asamblea la verdad de lo que ocurre en nuestro país. En dicho encuentro en el que participan los presidentes de las Reservas Federales y organismos de banca central más poderosos del mundo, que regulan a los acreedores argentinos, Argentina, por el orden alfabético será el primero en exponer. ¿Qué creen que dirá ante Mario Draghi, del BCE, Christine Lagarde, del FMI o Janet Yellen, Reserva Federal de EEUU?

Lo cierto es que nuestro país "arranca" 2018 con inflación alta, los déficit intactos, el problema de una balanza comercial negativa y más de 66 mil millones de dólares fugados como atesoramiento, consumo suntuario -turismo-, giros y remesas al exterior, y todo aquello que permite un dólar "barato".

En síntesis ni bajando la tasa, ni devaluando, la Argentina saldrá de este complejo esquema que, de la mano el Gobierno, llevo hasta aquí la economía y la sociedad. La Argentina no tiene aún problemas serios de corto plazo, la macroeconomía desordenada va generando problemas muy complejos de largo plazo, y los acreedores externos, verdaderos operadores diarios del respirador artificial que es la deuda, también hacen sus números. Si no fuera así, el Instituto Internacional de Finanzas -que representa a los bancos internacionales acreedores de todo el mundo- ya nos hubiera alejado del "Top 3" de los países económicamente más frágiles del planeta.

(*) Exdirector del Banco Central; Director del Departamento de Economía de la UMET.

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