Más se hunde, más opción de compra se manifiesta: el problema es encontrar a muchos que crean en ello. Por más que la historia y los clásicos de la inversión demuestren fehacientemente esto, los fieles deciden huir cuando las papas queman. Y la semana pasada resultó atroz, como para seguir espantando adherentes de mercados bursátiles que ahora pagan duro precio, a una de sus mejores condiciones: la liquidez inmediata. Aquí, o en la China, poder vender un día para hacerse del dinero a dos días vista suple a los canales de crédito, que se encuentran comprometidos. Solamente así se puede entender que activos empresarios que están en pie, y no de mala forma, solamente condicionados en su capacidad de ganancias temporal, puedan resultar de modo innoble, maltratados, para extraer dineros del circuito.
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Lo sentimos mucho por los escépticos de la inversión, pero cuanto más alcance profundidad el índice de la Bolsa, más «pichinchas» aparecen solas, que se ven liquidadas por las necesidades de unos o por la mala praxis de otros, que dan a entender como que las empresas se terminan: siendo, como son, la base de las economías de todo el mundo. En la última sesión, el viernes, el Dow caía más de 3% en el momento de cerrar el Mercosur. En tal hora, el Bovespa decaía en rango de 6,4% y el Merval se deslizaba a los 828 increíbles puntos: con caída de 4 por ciento.
Al pasar revista semanal, lo del Merval resultó terrible, casi 19% de rebaje en cinco ruedas. Le siguió el índice brasileño, con cerca de 13% de baja, mientras el Dow Jones acusaba un retroceder de casi 9% semanal. Cifras que no admiten disculpas, una etapa barranca abajo, que se selló con un volumen final en los $ 58 millones de efectivo para el Merval. Sólo 9 papeles con mejoras, contra 43 decayendo, redondea el negro final. Los números fueron mudo testimonio de mercados que tienen operadores en fuga, y oportunidad de compra que contiene pocos adeptos. La Bolsa, sufriendo.
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