"No cambió nada; el modelo es del 90"

Economía

Para Rubén Lo Vuolo, economista del Centro Interdisciplinario para el Estudio de Políticas Públicas (CIEPP), «la respuesta para frenar la inflación no puede ser destruir el INDEC».

El asesor económico de Elisa Carrió y miembro del directorio del Banco Ciudad, afirmó que «el manejo de los subsidios implica mucho poder para determinada burocracia y es un instrumento para hacer clientelismo».

Periodista: ¿Qué opina del modelo económico actual?

Rubén Lo Vuolo: Contrariamente a lo que muchos sostienen, lo único que claramente cambió fueron las reglas y relaciones macroeconómicas. El sistema institucional y el patrón tecnológico productivo creado en la década del 90 todavía siguen vigentes. Además, esta suerte de tipo de cambio fijo, de mantenerse por mucho tiempo, puede generar problemas de arbitraje de especulación financiera. Por otra parte hay que prestar atención a la deuda generada con las Lebac y Nobac por la política monetaria de sostenimiento del tipo de cambio y esterilización. Existe una situación excepcional, pero preocupa la falta de una estrategia sistémica para que se produzcan cambios a nivel del patrón tecnológico productivo.

P.: ¿Y la reforma del sistema previsional?

R.L.V.: Se presenta como un gran cambio pero hasta tiene contradicciones desde el punto de vista conceptual porque sigue siendo esencialmente el mismo con un déficit de origen: son dos regímenes de carácter público obligatorio no voluntario. Uno está administrado por las AFJP y el otro, por el Estado. Llamar cambio al hecho de que ahora no sólo existe competencia entre las propias AFJP sino también entre los regímenes, no es eficiente, ni equitativo, ni justo. Hay una avalancha de argumentación por parte de los funcionarios en contra de las AFJP pero paradójicamente una de las más importantes es la del Banco Nación. Habría que hacer un régimen único que acumule virtudes y defectos de los distintos componentes.

P.: ¿Qué modelo tendría que adoptar la Argentina?

R.L.V.: Uno en el que su competitividad no se base fundamentalmente en un bajo costo laboral. No hay que mirar sólo los costos directos de los trabajadores formales sino también las ventajas comparativas que ofrece un sistema de trabajo no registrado. La segunda cuestión tiene que ver con la necesidad de tener un patrón de productividad que se base en la incorporación de tecnología que reduzca la competitividad basada en la extracción de rentas naturales, ya sea en el sector agropecuario o en el energético extractivo. De hecho si se mira en detalle la evolución de la estructura de la inversión, no se observan que se realicen en sectores dinamizadores.

P.: ¿Es suficiente el nivel de inversión?

R.L.V.: Está aumentando pero no es el adecuado para la tasa de crecimiento.

P.: ¿La considera de buena calidad?

R.L.V.: No me gusta hablar de calidad sino de los sectores a los que va dirigida. Hoy está muy concentrada y mucha es en construcción. Lo que este país necesita es un programa articulado de inversión regionalizada, destinada a las unidades de menor tamaño como las pymes. Más allá de algunas agencias que impulsan desde el gobierno, hay que tomar, como en otros países, medidas macro más potentes, como la creación de Bancos de Inversión regionales.

P.: ¿Le preocupa la inflación?

R.L.V.: En primer lugar, no se sabe cuál es el nivel de inflación actual y eso debería ser lo más preocupante. Es evidente que con el poder de compra muy concentrado en ciertos sectores de la población, con la tasa de crecimiento actual, más la necesidad de actualizar los ingresos laborales, va a haber inflación. De todos modos, la respuesta no puede ser destruir el INDEC. Muestra un desprecio por el carácter público de las instituciones. Además, sigue mostrando una falta absoluta de estrategia y una respuesta de corto plazo, ineficiente, mucho más destructiva que constructiva a problemas económicos que eran absolutamente previsibles.

  • Subsidios

    P.: ¿Qué piensa de los subsidios?

    R.L.V.: El servicio de transporte de trenes está siendo subsidiado de una manera poco transparente, muy criticable, que se fue desformando. No ha sido efectivo ni desde el punto de vista del servicio que presta ni desde las necesidades de inversión. En el caso del sector agropecuario, no está en claro todavía la efectividad de los subsidios en cuanto a su eficiencia y funcionamiento. El problema es que esos subsidios deberían estar enmarcados, como en cualquier parte del mundo, en un plan integral de desarrollo rural. Terminan siendo medidas puntuales decididas de manera arbitraria con un destino, y causa que uno sospecha y que tiene que ver más con la ineficiencia o incapacidad de manejar la cuestión.

    P.: O sea, son medidas implementadas como « parches» por falta de una visión más integrada.

    R.L.V.: Sí, pero aparte no necesariamente se trata sólo de «parches». A veces se trata de una política intencionada. Muchas veces el manejo de los subsidios de este modo, así como los planes focalizados, implica mucho poder para determinada burocracia, para determinada persona y para hacer clientelismo. Implican, desde mi punto de vista, una concepción de la política que desjerarquiza las cuestiones institucionales y favorece un mecanismo de concentración del poder personalizado.

    P.: A pesar del crecimiento, los niveles de pobreza siguen elevados, ¿qué medidas aconseja?

    R.L.V.: Hay que ir a mecanismos de distribución en donde la fuente del derecho no esté condicionada y no sea diferenciada por el tipo de relación de empleo que tiene una persona. Hace falta un programa universal de ingreso ciudadano para la niñez que pague un beneficio a todos los menores de edad, independientemente de la situación laboral del padre.

    Entrevista de María Iglesia
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