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15 de diciembre 2008 - 00:00

Nueva York

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Si nos atenemos sólo al 0,75% que ganó el Dow al cerrar en 8.629,68 puntos, diríamos que la última rueda fue positiva para los tenedores de acciones, máxime porque muchos esperaban un arranque desastroso y se terminó revirtiendo una semana que apuntaba a ser perdedora (el NASDAQ finalmente avanzó el 2,1 por ciento, el S&P500 un 0,4 por ciento y el Dow cedió apenas el 0,1 por ciento). Pero, si ampliamos la mirada, la conclusión es diametralmente opuesta: una pésima jornada.
El primer elemento en este sentido fue la decisión del Ejecutivo de pasar por encima de la voluntad de los representantes de los Estados, cedien-do a las presiones del gremio automotor y los jerarcas de la industria, para facilitarles dinero público destinado a otros fines.
El segundo elemento, más "escandaloso", pero al mismo tiempo más sutil por su implicancia, es la estafa perpetrada por Bernard Madoff. En este tema lo menos importante es el tamaño de la estafa o los nombres involucrados (pasarán meses para saberlo).
Lo verdaderamente grave es el golpe que se le dio a la confianza de un sistema financiero que o está al borde o ya cayó en una "trampa de liquidez", de la cual no se sale con dinero, sino con confianza. Se podría retrucar que en la semana la resistencia de las acciones al cúmulo de malas noticias marca algo positivo. Es posible, pero por algo las tasas de corto rondaron un 0 por ciento, el dólar se desplomó un 4 por ciento y el precio de los commodities trepó el 9 por ciento.

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