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26 de febrero 2016 - 19:42

Nuevo tipo de cambio beneficia pero hay incertidumbre

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Rodolfo Rossi.-
Presidente de ACSOJA


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El cambio en el valor del dólar oficial, para la cadena de soja y en general, trajo beneficios en gran parte de las cadenas pero merece ciertos comentarios sobre dónde estábamos y de cómo se irán moviendo ciertas variables económicas.

La quita parcial o total de retenciones, cuando veníamos teniendo precios internacionales en baja, ha permitido el crecimiento del precio del producto, lo que se ha derramado a todos los eslabones.

La competitividad de un producto exportable, donde los subproductos tienen un agregado de valor interno, y depende de costos industriales internos, ha mejorado. Además la industria oleaginosa se ha acomodado, frente a nuestros competidores, pese a que sigue alta la capacidad ociosa que depende del volumen de producción y de la posibilidad de importar grano para el proceso. En este punto la nueva administración ha liberado este mercado de importación para abastecer a nuestras plantas.

En los sectores comerciales se observan casos favorables ya que las comisiones dependen del precio de los granos influido por el tipo de cambio.

El impacto inicial para el sector productor fue positivo, por el consiguiente aumento del valor del producto, lo que impacta enormemente en la sustentabilidad propia del sistema productivo por el mejor equilibrio entre los cultivos.

Por otro lado, gran parte de los productores tienen pesificadas sus deudas al dólar del período anterior, o sea con una banda inferior de cambio. El balance ha sido positivo en el endeudamiento por la relación del valor entre los intereses y la devaluación.

Hacia adelante, y específicamente sobre los costos de producción, parte de esta devaluación se licuará parcialmente por el aumento de los costos que se observa en estos últimos meses. Estamos calculando un aumento en pesos (por inflación) de estos costos en un 25% con respecto a los mismos costos del año pasado. La suma de los efectos posiciona mejor al productor, frente a la próxima campaña.

De todas maneras hay variables de producción, sobre los cuales hay un horizonte de incertidumbre tal el caso de los costos directos de estructura, labores, personal, viáticos, gastos generales, energía, impuestos y tasas, honorarios profesionales, reparaciones y mantenimiento, entre otros. En definitiva, algunos actores productivos de la cadena, estiman una mejora real del 20% sobre los costos en pesos que paga el productor, siempre que no se retrase el tipo de cambio, con respecto a la inflación.

Al haber más rentabilidad, también permitirá inversiones en tecnología, en aras de la eficiencia y de la sustentabilidad de todo el complejo productivo. Sobre esta base el impacto será muy favorable y compartido con la sociedad del interior del país, y las economías regionales, tan castigadas en los últimos años.

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