22 de abril 2005 - 00:00

"Numancia" vence tabú del teatro en verso

La atractivapuesta deDaniel SuárezMarzal y lavigencia delargumento dela obra deCervanteslograndesmentir, poruna vez, lafama de«espantapúblico» quearrastra elteatro delSiglo de Oroespañol.
La atractiva puesta de Daniel Suárez Marzal y la vigencia del argumento de la obra de Cervantes logran desmentir, por una vez, la fama de «espanta público» que arrastra el teatro del Siglo de Oro español.
«Numancia» de M. de Cervantes Saavedra. Versión y Dir.: D. Suárez Marzal. Int.: R. Stella, V. Laplace, W. Santa Ana, O. Bonet y elenco. Esc.: M. Valiente. Vest.: M. Zuccheri. Ilum.: N. Trovato. (Teatro Cervantes.)

Daniel Suárez Marzal
es un gran entusiasta del teatro clásico español cuya esencia profundizó durante su prolongada estadía en España, donde dirigió el Instituto del Teatro de Sevilla. Si bien sus intereses artísticos son mucho más amplios y siguen abarcando los más variados autores -como lo demuestra su reconocida trayectoria en teatro y ópera- Suárez Marzal se ha empeñado en difundir el teatro en verso español por considerarlo un valioso patrimonio cultural del que deberían apropiarse todos los argentinos.

Lamentablemente, el teatro del Siglo de Oro arrastra la mala fama de ser «espanta público» (basta con recordar el inexplicable fracaso de taquilla de «La hija del aire» el año pasado en el teatro San Martín). Pero aún así, Suárez Marzal logró estrenar en un teatro oficial su colorida de versión de «El Cerco de Numancia» (el título varía según las fuentes) de Cervantes. Contra todo lo previsto el público responde prácticamente a sala llena. La clave de este inesperado éxito debe atribuirse, en buena medida, al cuidadoso « aggiornamiento» del texto (supervisado por lingüistas españoles) y al atractivo visual de la puesta.

«Numancia»
no es una obra de grandes méritos, ni está a la altura de las de Lope de Vega o Calderón, pero su argumento, basado en un hecho histórico (ocurrido en el año 133 A.C.), resulta muy potente y de extrema actualidad. Sitiado por el hambre, y sin esperanza de ayuda militar alguna, el pueblo de Numancia se niega a capitular ante las denigrantes condiciones que le exige el poderoso ejército romano. Antes que terminar como esclavos los celtíberos deciden incendiar su ciudad y suicidarse en masa. La voracidad del invasor, su escalofriante soberbia, encuentran sobradas analogías en la actual política internacional. Por eso al director le bastó con seguir fielmente el texto original para transmitir su alegato.

El único punto discordante de la puesta tiene que ver con las figuras alegóricas: Españarío Duero, Guerra y Fama, que interrumpen la acción dramática con sus apariciones grandilocuentes (el desplazamiento de las tres carrozas resulta demasiado lento y dificultoso) y sus declamaciones solemnes e impostadas. Despiertan mucho más interés los conciliábulos de romanos y numantinos, muy bien liderados por Rubén Stella y Víctor Laplace respectivamente. También es destacable la actuación de Mausi Martínez en el rol de joven numantina.

El público se identifica con esta tragedia, de apenas una hora quince de duración. Aún cuando le cueste captar las permanentes referencias al reinado de Felipe II, al menos se deleita con la suntuosas carrozas sevillanas, similares a las que todavía se pueden ver allí en Semana Santa.

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