El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama.
El presidente estadounidense, Barack Obama, interrumpió sus vacaciones navideñas en Honolulu y regresó a Washington, para intentar alcanzar este jueves un acuerdo con los republicanos que evite el temido "abismo fiscal".
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El presidente se mostró dispuesto a elevar de 250.000 a 400.000 dólares el límite de ingresos anual, a partir del cual los ciudadanos tendrán que pagar más impuestos. Aún así, los republicanos rechazaron la propuesta.
"Nadie puede conseguir el cien por cien de lo que quiere", apuntó Obama tras el fracaso de las últimas negociaciones con los republicanos.
Antes de fin de año, el gobierno y los republicanos deben sellar un compromiso para poner fin a la disputa presupuestaria. De lo contrario, se producirá un "abismo fiscal" a principios de 2013 cuando coincidan drásticos recortes de gasto público y subas generalizadas de impuestos, de alrededor de 600.000 millones de dólares.
Este jueves se reanudarán las negociaciones, en las cuales el oficialismo insistirá en elevar los impuestos de los ciudadanos más ricos, pese a la oposición de los republicanos que tienen mayoría en la Cámara de Representantes.
"Todavía es posible que consigan acordar algo hasta finales de año. Pero hay una probabilidad bastante alta de que lleguemos a enero sin acuerdo", opinó por su parte el economista jefe de Barclays Capital, Dean Maki, en declaraciones a "The New York Times".
Según una encuesta de Gallup, 48% de los estadounidenses dudan de que se llegue a un pacto antes del 1 de enero, cuando entrarán en vigor automáticamente los aumentos generalizados de impuestos y recortes del gasto público conocidos como "abismo fiscal".
El sondeo de Gallup se realizó entre el 21 y el 22 de diciembre, y su resultado contrasta con la "sólida mayoría" que durante las últimas tres semanas mostraba su confianza en que se cerrara el año con un acuerdo, según un despacho de la agencia EFE.
El escenario más probable ahora es que el Senado vote antes del 1 de enero un proyecto de ley en el que está trabajando el líder de la mayoría demócrata en esa cámara, Harry Reid, en colaboración con la Casa Blanca.
De acuerdo con los medios y los analistas, la propuesta de Reid sería una "medida provisional" para prorrogar los recortes impositivos aprobados durante el gobierno de George W. Bush a la mayoría de los ciudadanos y dejar que expiren para los más ricos.
Esa propuesta incluiría también algunos recortes de gasto a corto plazo, pero sería en todo caso una especie de "parche" que dejaría para 2013 la negociación sobre un acuerdo fiscal completo.
La mayor incertidumbre es si el líder de la minoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, y sus compañeros de partido apoyarán la propuesta de Reid y votarán a favor de ella.
Además, de ser aprobada en el Senado, quedaría en manos del presidente de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner, someterla a votación en ese órgano, donde los conservadores tienen mayoría.
El llamado "plan B" contra el "abismo fiscal" presentado por Boehner la semana pasada en la Cámara baja fracasó estrepitosamente al no conseguir apoyos suficientes dentro de su propio partido.
El "plan B" de Boehner contemplaba la suba de impuestos para aquellos hogares con ingresos anuales de más de un millón de dólares y se topó con el rechazo enérgico de congresistas, en su mayoría del movimiento derechista Tea Party, que se oponen radicalmente a una mayor carga fiscal, ni siquiera para los ciudadanos más ricos.
"Cuando preguntamos al pueblo estadounidense `¿a quién representan y por quién pelean los republicanos?`, la respuesta número uno es `a los ricos`", sostuvo hoy en una entrevista con la cadena CBS el analista y encuestador conservador Frank Luntz.
Según Luntz, parte de culpa del estancamiento en las negociaciones la tienen también los demócratas, que no acaban de entender que los estadounidenses quieren que se ponga fin al "gasto derrochador" del gobierno.
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